Pedro Sánchez se resiste a rendir cuentas ante el Congreso en el Debate del estado de la Nación
17:09
16 Abril 2022

Pedro Sánchez se resiste a rendir cuentas ante el Congreso en el Debate del estado de la Nación

La oposición da por hecho que lo aplazará hasta que mejore la situación económica

Sondeo El CIS de Tezanos catapulta al PP y lo sitúa a tres puntos del PSOE Política El PSOE ante el giro de Feijóo: "Viene bien al PP y a nosotros. Ahora tenemos que ir en serio"

El Debate sobre el estado de la Nación, el acto parlamentario de control al Gobierno más importante, no se celebra desde hace siete años. El último fue en junio de 2015, cuando el jefe del Ejecutivo era Mariano Rajoy.Pedro Sánchez está a punto de cumplir cuatro años en La Moncloa y hasta ahora no lo ha convocado ni una sola vez, justificándolo bien por la celebración de elecciones, bien por los sucesivos estados de alarma durante la pandemia.

La portavoz del Gobierno, Isabel Rodríguez, aseguró en diciembre que el debate se celebraría en los primeros meses del año y el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, insistió hace apenas un mes en que sería antes de julio. A día de hoy, no hay ninguna fecha, ni siquiera aproximada, marcada en el horizonte. El calendario ofrece la posibilidad del mes de mayo y la primera quincena de junio. A partir de ese momento, la agenda se complica por los preparativos de la Cumbre de la OTAN que se celebrará en Madrid a finales de junio.

La convocatoria corresponde en exclusiva al Gobierno, que debe comunicar su intención a la presidenta de la Cámara y registrar su iniciativa para que sea calificada por la Mesa. Es este órgano, en el que tienen mayoría PSOE y Unidas Podemos, el que fija las fechas exactas de su celebración a conveniencia del presidente. El mínimo entre la comunicación a la Cámara y la celebración del debate es de 15 días, aunque lo habitual es que el anuncio se haga con mayor antelación.

Por ahora no hay pistas. En la oposición dan por hecho que el Gobierno aplaza la iniciativa a la espera de un momento político que le resulte más favorable. La crisis inflacionaria, la reprobación del Congreso al viraje sobre el Sáhara, la tensión en las relaciones con Argelia y los recurrentes choques dentro del Consejo de Ministros emborronan la rendición de cuentas que Sánchez esperaba cumplimentar con el éxito de la campaña de vacunación, la llegada de los fondos de la UE y la salida, con medidas sociales, del agujero económico que provocó la pandemia.

Confrontación cara a cara

Para el primer partido de la oposición, una situación como la actual, en la que el Gobierno presenta tantos flancos débiles, sería claramente propicia salvo por la circunstancia de que su nuevo líder no puede confrontar cara a cara con el presidente en el Congreso. En el Partido Popular están dispuestos, sin embargo, a intentarlo una vez que Feijóo cuente con un escaño en el Senado.

De lograrlo, sería la primera vez. Antonio Hernández Mancha, líder de la entonces Alianza Popular entre 1987 y 1989, lo pretendió frente a Felipe González y no se le permitió. Pese a ello, en el PP debaten las posibilidades jurídicas que ofrece el artículo 196 del Reglamento del Congreso, según el cual cuando el Gobierno remite una comunicación para su debate, tras la intervención del Ejecutivo, podrá hacer uso de la palabra «un representante de cada grupo parlamentario». No se especifica que tenga que ser un diputado, apuntan en el PP, aun a sabiendas de que ésta es una interpretación que muy difícilmente aceptaría la Presidencia de la Cámara.

Lo cierto es que el momento es propicio para el PP. Los populares han superado su crisis de liderazgo y con Feijóo se sienten fuertes. Pero su nuevo presidente no tiene escaño en el Congreso y eso es un obstáculo en la labor de oposición, aunque no un impedimento, para tratar de aprovechar un momento en el que las encuestas, incluido el CIS de Tezanos, los sitúan al alza y en el que aseguran contar con alternativas que ofrecer, justo cuando el deterioro económico agujerea el bolsillo de los ciudadanos y el Gobierno exhibe sus divisiones internas.

Si Feijóo no puede intervenir ahora, en caso de que el Gobierno convoque finalmente el debate, tampoco podría hacerlo en lo que resta de legislatura. La convocatoria del debate está sólo en manos del Gobierno y carece de normas fijas. Es por ello que el PP reclama su regulación en el Reglamento, en primer lugar para que, salvo en el caso de año electoral con su consiguiente debate de investidura, tenga que celebrarse con periodicidad anual, y para que las resoluciones que en el mismo resulten aprobadas sean de obligado cumplimiento.

El pasado 7 de marzo, registraron una iniciativa en la que denuncian «la pertinaz negativa del Gobierno a someterse a control parlamentario» y le acusan de colocarse «en una posición de primacía sobre el Parlamento, pervirtiendo la separación de poderes e ignorando las obligaciones derivadas de las propuestas aprobadas por la Cámara».

Recuerdan que desde que Sánchez es presidente del Gobierno no ha habido Debate del estado de la Nación pese a su importancia «como balance público de la situación política y como origen, a su vez, de nuevos mandatos parlamentarios, de cuyo cumplimiento se debería rendir cuentas posteriormente a la Cámara».

En su proposición, el PP reclama «cumplir de forma efectiva los mandatos emanados de la voluntad mayoritaria de la Cámara», ya sean proposiciones no de ley, mociones o resoluciones del Debate sobre el estado de la Nación, «como condición imprescindible para garantizar la calidad de la democracia y la legitimidad del Gobierno».


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