Pérez-Reverte: ''Soy un escritor honrado, no busco congraciarme con el mundo de ahora''
13:18
3 Octubre 2022

Pérez-Reverte: ''Soy un escritor honrado, no busco congraciarme con el mundo de ahora''

El novelista presenta 'Revolución', una novela iniciática en el México de Pancho Villa.

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Una vez al año. Arturo Pérez-Reverte presenta una novela de aventuras que el público consume como tal, con entusiasmo y alegría (su editorial, Alfaguara, le atribuye 20 millones de lectores en el mundo) pero que entra en el debate público como una piedra en el zapato de la moral pública. Revolución, el nuevo reverte, habla de los temas clásicos del novelista: del aprendizaje vital a través de la brutalidad, de las contradicciones del ser humano y de las trampas del idealismo político. De personajes que "por la mañana son héroes y por la tarde se comportan como villanos abyectos", según una figura que obsesiona a Reverte desde sus años de reportero de guerra. Nada que no pueda entender cualquiera pero que, por alguna razón extraña, Pérez-Reverte tiene que explicar, casi justificar, año tras año.

¿Qué es Revolución? Pérez-Reverte lo explicó esta mañana en la presentación de la novela en Madrid: "Revolución es una historia de aventuras y aprendizaje en la que su protagonista aprende a mirar a la violencia, la muerte y el amor a través de un recorrido iniciático por la guerra". La guerra, esta vez, es la revolución mexicana de 1910, "un momento excepcional en el que los pobres obligaron a los poderosos a escucharlos... pero que terminó como casi todas las revoluciones, terminó en que los poderosos se apropiaron de la revolución. Y por eso, México, un siglo después, sigue expuesto a la violencia, a la corrupción y a la tristeza", explica el autor.

En ese paisaje cae Martín Garrett, un ingeniero de minas español, veinteañero y más o menos inocente, destinado a México y casualmente ligado a la corte de Pancho Villa. "Martín no es un revolucionario, no cree que haya que hacer un baño de sangre para construir un mundo mejor. Es una persona que mira y que aprende a vivir a través de la revolución". Un personaje parecido a Garrett, testigo de la revolución, estaba en la memoria personal de Pérez-Reverte, había sido compañero de carrera de su bisabuelo y una figura legendaria en muchos relatos familiares. Ahora, el escritor le ha creado una trama de encuentros históricos, enamoramientos y aventuras a la antigua para llevarlo desde la inocencia hasta el poso de la vida adulta, hasta la construcción de una mirada compleja, descreída y, en parte, dolorosa.

"Hay tres mujeres que lo impulsan en ese viaje. Una mujer que representa al mundo rural, áspera y revolucionaria; una niña bien que le abre muchas puertas sociales; y una periodista estadounidense que le permite entender lo que ve. En la vida de los varones eso ocurre: a vida es un camino de aprendizaje en el que las mujeres nos hacen dar saltos adelante", cuenta Pérez-Reverte.

El novelista habla, a menudo, en términos así. Habla de experiencias universales que responden a los misterios nucleares del alma humana: el valor y la cobardía, la crueldad y la ternura, el deseo sexual y la necesidad de decir adiós, a veces. Es eso lo que le importa y no las guerras culturales de 2022. "El mundo actual me parece vulgar. Siempre hay un hacker y un dron en las novelas. Lo siento pero yo soy de otro mundo en el que había que sobornar a una telefonista para que te diera conexión. Soy del siglo XX". ¿Es ese descreimiento, esa distancia, un rasgo de conservadurismo? "El mundo te dice: mójese. Escriba consignas fáciles. Resuma 3.000 años de historia con un tuit de 140 caracteres. No lo voy a hacer y estoy orgulloso. Soy un escritor honrado, no busco congraciarme con el mundo de ahora".

Esa es la otra paradoja de Pérez-Reverte: sus historias son vitalistas y vibrantes pero su fondo es sombrío: "Cuando veo a una pareja de veinteañeros besarse en un banco deseo verdaderamente que sigan juntos para siempre, que se sigan besando 50 años y mueran juntos y enamorados. Desgraciadamente, sé que no es así, y me duele saberlo", explica el autor. "Tengo el sentido del desastre incorporado. Es una faena, ser Casandra todo el tiempo no es una buena opción".

¿Por qué la vitalidad, entonces? "Ser novelista es una suerte. Un novelista es un cazador, sale con su escopeta y su zurrón. Sales a la cale, ves a una chica guapa o un chico guapo, una luz, una música y la cazas. Algún día ya la usarás. Es una manera de no envejecer de una manera no del todo sórdida".

Falta hablar de México, el país que Pérez-Reverte ya retrató en La reina del sur y que, en sus contradicciones, representa perfectamente la imagen paradójica de la vida que tiene el autor de Revolución: "México es la violencia y la cortesía extrema". Pérez-Reverte se precia especialmente, de haber reconstruido el habla de México en 1910 y en los diferentes estratos sociales de aquel mundo, De López Obrador no dijo nada en especial.


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