Por qué el Teatro Circo de Albacete quiere ser Patrimonio de la Humanidad
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4 Abril 2021

Por qué el Teatro Circo de Albacete quiere ser Patrimonio de la Humanidad

El Teatro Circo de Albacete que se quiere 'hermanar' con la Alhambra y se propone como candidato a Patrimonio de la Humanidad

Joan Manuel Serrat paró un concierto para decir que era uno de los teatros más bonitos en los que había cantado y una arabista traductora de jeques aseguró la primera vez que lo pisó que “de conocerlo el jeque de Qatar le pondría al alcalde una chequera de petrodólares encima de la mesa para comprarlo, porque es un palacio árabe en plena Castilla cristiana”. Hablamos del Teatro Circo de Albacete, el coliseo teatral circense operativo más antiguo del mundo que presume de estilo neoárabe. Pero venderlo a un jeque no es precisamente el objetivo del Ayuntamiento de la ciudad manchega que acaba de firmar una declaración para proponerlo, ante el Gobierno, como candidato a Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Un larguísimo y complicado camino para un coqueto y peculiar teatro de provincias con que llegó a estar incluso al borde de la desaparición. Aun así, hoy recuperado, nos preguntamos, ¿qué puede ofrecer este teatro manchego, escondido entre lo urbano, para querer aspirar a tan selecto club? Contesta el profesor de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y presidente de Amigos de los Teatros Históricos de España (Amithe), Javier López-Galiacho. Da una clave: es el teatro circo operativo más antiguo del mundo. Del año 1887, le gana por tan solo cuatro meses al Teatro Carré de Ámsterdam.

La asociación que preside López-Galiacho, impulsora de la candidatura, recuerda que hay edificios circenses más antiguos que el de Albacete, como el Cirque D’Hiver de París (1852) o el Albert Hall de Londres (1871). Pero el de Albacete es “el único que mantiene operativa la doble arquitectura de teatro y circo, reuniendo caja escénica, escenario teatral y pista circense”. En los febreros sin Covid se celebra en la ciudad manchega el Festival Internacional de Circo. En España es, además, el único teatro circo que sigue operativo como tal.

Javier López-Galiacho es quien cuenta la anécdota de la traductora árabe. Y es que su fusión árabe cristina es otra de las claves en las que se apoya la idea de llegar hasta la Unesco. La traductora se llama María Jesús Viguera Molins y es catedrática de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Complutense de Madrid y académica de la Real Academia de la Historia. Amithe ha recogido sus consideraciones académicas: “Estamos ante el edificio civil neoárabe más interesante de los edificados en España, por su volumen, por su estructura de hierro y sus arcos decorados con motivos nazaríes”, señala Viguera.

El espectador -y sobre todo los actores- disfrutan en Teatro Circo de sus arquerías neoárabes de estilo nazarí. Cruce de caminos, frontera y a la vez mezcla entre lo árabe y lo cristiano -de esa fusión proviene la tradición cuchillera de Albacete- en sus arquerías se repite la jaculatoria -oración breve- propia del escudo nazariWa-la galib illa Allah (No hay más vencedor que Dios). “Es la misma inscripción que aparece en varias salas de la Alhambra”-el palacio monumental es Patrimonio de la Humanidad-, recuerda López-Galiacho.

La declaración institucional firmada por el Ayuntamiento es para el albaceteño “un sueño cumplido”. Él, que asegura, en 1986 ya se recorría las calles de Albacete cuando el Teatro Circo cerró y rozó la ruina. Un grupo de amigos, alrededor del Ateneo de Albacete, pusieron todo su empeño en la recuperación, posterior mantenimiento y lustre del teatro.

Para ver algún resultado sobre la propuesta a Patrimonio de la Humanidad haría falta, de ir bien, mucho tiempo –“entre cinco y diez años”, explica López- Galiacho-. En mucho menos se levantó. Fueron siete meses en 1887, del 26 de enero al 7 de septiembre. Y no está muy claro cómo llegaron hasta la ciudad las 12 pilastras -columnas- de hierro que se fabricaron en la Fundación Primitiva Valencia. “Probablemente en tren”, explica López-Galiacho. Las columnas están rematadas con capiteles de estilo neo nazarí granadino.
12 como las columnas fueron los socios que habían decidido meterse en aquella farándula. Recogían la tradición teatral de Albacete, sobre todo religiosa en la iglesia que hoy es su catedral, pero mirando a Europa. Y apostaron por un gran coliseo. La ciudad no llegaba entonces 30.000 habitantes, y ya entonces el teatro tenía cabida para unos 1.000 espectadores. Hoy Albacete ronda los 180.000 y en el Teatro Circo se pre estrenan grandes producciones de la Compañía Nacional de Danza.

Dirigió aquella primera obra el arquitecto municipal, Juan Peyronnet, hijo del rehabilitador de la Puerta del Sol. El Teatro Circo Albaceteño mantuvo su estructura original hasta 1919, cuando una remodelación lo convirtió en un teatro a la italiana que se adaptó, ocultando la estructura original, para convertirse en cine: los estrenos llegaban a Albacete por su pantalla.

Aún así, no llegó a celebrar su primer centenario. Bajó el telón en 1985 y conforme crecía el pillaje y su abandono -sufrió desde saqueos hasta incendios- aumentaba la preocupación de los albaceteños que no han ido nunca sobrados de patrimonio en la ciudad. Así nació Amigos del Teatro Circo. Tras varios intentos el Ayuntamiento logró comprarlo. No a 12 propietarios, sino a 200. La alcaldesa, Carmina Belmonte, tuvo que repartir pagarés por toda la ciudad, “incluidas unas monjitas”. Era 1995.

Y arrancó la arriesgada rehabilitación que buscaba devolverle el esplendor inicial al Teatro Circo. Pero, realmente, ya “no había nadie que conociera su estado original”, recuerda López-Galiacho. Golpe de suerte: “Cuando entran los arquitectos, se encontraron, encima de la cúpula, las arquerías intactas”. La obra llevó siete años, costó 1.200 millones de pesetas y contó con el apoyo de actores como Toni Leblanc -hoy uno de los camerinos principales lleva su nombre- y Silvia Marsó que llegó a escribir una carta para apoyar el proyecto.

El 9 de septiembre de 2002, en plena Feria de Albacete, el gran evento de la ciudad, como la primera vez, se reinauguró el escenario. El Ballet Nacional de España representaba Fuenteovejuna sobre sus tablas. Más bien sobre la mitad de sus tablas, la otra mitad estaba oculta pero perfectamente disponible para que el Teatro recuperase su función de circo. Desde entonces, además de teatro y de circo, ha servido para rendir homenaje a actrices como María Isbert: su cadáver se veló en el mismo escenario.

Su padre, Pepe Isbert, da nombre al Premio Nacional de Teatro que otorga anualmente Amithe desde su sede, el Teatro Circo de Albacete. El año pasado lo ganó Antonio Gala. Un segundo galardón reconoce la labor de otros teatros históricos y lleva el nombre de Gregorio Arcos, en honor al histórico empresario de la cuchillería albaceteña, mecenas en la recuperación del espacio. En 2020 este galardón fue para el Teatro Pérez Galdós de Las Palmas.

Hace unos años Silvia Marsó se subió a las tablas del Teatro Circo con 24 horas en la vida de una mujer. Al terminar, el director del Teatro, Ricardo Beléndez, paró los aplausos. “Cuando esto era una ruina, tú nos apoyaste”, le dijo. El singular teatro de Albacete, que no olvida su pasado y sueña con un “dificilísimo” futuro sello Unesco, todavía recuerda la ovación.


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