Primarias en la 'nueva política', una historia de artimañas
13:06
12 Diciembre 2021

Primarias en la 'nueva política', una historia de artimañas

Podemos y Ciudadanos polarizaron las votaciones para elegir a sus candidatos electorales pero terminaron por minar su credibilidad

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Las primarias son una de las aportaciones más reconocibles y alabadas que trajo la llamada "nueva política". Podemos y Ciudadanos las convirtieron en el emblema de la "regeneración" allá en 2014, y tuvieron tal impacto que el PSOE y el PP se vieron forzados a cambiar los sistemas de elección de sus líderes para no quedar anticuados.

Sin embargo, seis años después del inicio de aquella revolución, esta herramienta para tomar decisiones tiene la credibilidad muy tocada por el reguero de escándalos, chanchullos y artimañas que han protagonizado en este tiempo los mismos partidos que la enarbolaron como símbolo de una época.

La última sacudida al crédito de las primarias la está protagonizando en estos días Ciudadanos por el modo en el que ha convocado la elección del candidato a la Junta de Andalucía. Un proceso exprés, en medio de un puente festivo y anunciado tan sólo seis días antes de que los militantes tengan que votar.

Los tiempos tan apretados protegen al favorito de la dirección, Juan Marín, e impiden a los demás candidatos darse a conocer o hacer campaña para que la militancia tome una decisión informada. Las primarias se convocaron el martes, la campaña arrancó el viernes y se vota este domingo y el lunes.

La 'famosocracia' de Podemos

El control de los tiempos es una de las artimañas más frecuentes utilizadas por las direcciones de los nuevos partidos para blindar sus deseos y evitar sorpresas. El objetivo es favorecer las condiciones para aupar a los candidatos oficialistas y minimizar la capacidad de los críticos o alternativos para darse a conocer en las bases y hacer campaña.

Bien lo saben en Podemos, el partido que más primarias ha celebrado, en donde se ha jugado con la famosocracia, es decir, que ganase el candidato más conocido por la militancia. Para ello la dirección favorecía en los meses previos la exposición de su favorito en los medios de comunicación, las redes oficiales o en actos para construir su popularidad y para fotografiarlo con Pablo Iglesias.

Eso cuando se era sutil y la dirección nacional no entraba directamente con los tanques en la pugna para apoyar expresamente candidatos, echando por tierra cualquier apariencia de neutralidad en el proceso.

Quizá ahora sorprenda, pero Iglesias se presentó en Zaragoza para hacer un mitin de campaña contra Pablo Echenique en 2015 para evitar que el entonces rostro del sector crítico se alzara como líder de Podemos en Aragón. Esa intervención, sin pudor, del hiperlíder, dolió mucho a Echenique que, sin embargo, era tan popular como eurodiputado y en la prensa que ganó.

Las votaciones de Podemos han propiciado un gran número de triquiñuelas para ganar a toda costa. Una sucedió en el primer congreso de Vistalegre, cuando había que elegir, entre otras cosas, de qué modo se iba a organizar el partido.

El 'chanchullo' de Iglesias

El sector crítico de Echenique y Teresa Rodríguez no quería un hiperliderazgo, sino tres portavoces y un sistema más asambleario. Terminado el debate delante de la militancia y ante el riesgo de que la propuesta de los críticos cogiera vuelo, el equipo promotor cambió las reglas habiéndose jugado el primer tiempo del partido.

Por la noche y a través de Telegram se decidió de urgencia cambiar el sistema de votación para que todos los documentos se votaran en un mismo pack en lugar de poder elegir por separado. Esto fulminó cualquier opción de los críticos.

Posiblemente el chanchullo más grande de Podemos tuvo lugar en las primarias para formar la lista electoral al Congreso de los Diputados en 2015. Iglesias se saltó el resultado de la votación para colocar como números uno a personas afines que habían quedado en posiciones muy retrasadas. El caso más escandaloso fue ver al 573 como cabeza de lista por Palencia o a dos miembros del Consejo Ciudadano que quedaron en los puestos 153 y 136 encabezar Toledo y Guadalajara.

Pero si hay un escándalo mayúsculo en unas primarias es el pucherazo que golpeó Cs en 2019 cuando se manipularon los resultados para que Francisco Igea no ganara a la candidata de Albert Rivera, Silvia Clemente. Se descubrió que se había votado 81 veces desde un mismo ordenador para voltear los resultados que aupaban a Igea como cartel electoral en las elecciones de Castilla y León.

Apartar a los críticos

La seguridad de las votaciones electrónicas siempre ha dado de sí todo tipo de discusiones y ha desatado frecuentes acusaciones de manipulaciones por parte de los derrotados. Podemos siempre ha defendido la limpieza de sus procesos y argumentaba que tenía verificadores ajenos al partido que vigilaban que no se tocara ni un voto. De cara a Vistalegre II, los morados eliminaron para indignación de muchos cualquier control externo y fue asumido por el equipo informático del partido.

Las primarias fueron muy utilizadas en Podemos como método eficaz para laminar a los críticos. El diseño del proceso daba lugar a un "todo o nada" a la hora de formar los consejos, es decir, cuando una candidatura ganaba copaba todos los puestos y las otras listas y sensibilidades quedaban totalmente excluidas, negando en la práctica la integración del otro. Eso fue rompiendo el partido y expulsando gente y fue objeto de airados debates.

Echenique fue uno de los mayores detractores de lo que se llamó "listas plancha", así que cuando asumió la Secretaría de Organización generó una ilusión interna enorme por el fin de ese sistema. Y así lo prometió al llegar. Sin embargo, convertido al pablismo, aprovechó sus altos conocimientos matemáticos para inventar un método nuevo que, a la postre, exageraba los resultados de la lista más votada y arrinconaba a los no oficialistas.

La famosocracia se refinaba. Eso provocó que Íñigo Errejón y Anticapitalistas enarbolaran, hasta que duraron en Podemos, la defensa de un sistema proporcional puro. Las corrientes y la pluralidad de los inicios son hoy un recuerdo.

El PSOE y el PP

En aquellos tiempos, el PSOE cambió su sistema de compromisarios para ir a la elección directa del secretario general con el método de "un militante, un voto". Años después, Mariano Rajoy aceptó a regañadientes un sistema de doble vuelta en el PP con la participación directa de los militantes. Algo, por cierto, de lo que se arrepiente hoy. "No se acierta siempre", dijo al respecto en EL MUNDO.

Curiosamente, los llamados "viejos partidos" son los que, con sus sistemas, han propiciado la campanada de que los candidatos no favoritos se alzaran con el liderazgo del partido. Lo saben Pedro Sánchez y Pablo Casado, que ganaron contra pronóstico a Susana Díaz y Soraya Sáenz de Santamaría, respectivamente. En los nuevos no ha habido apenas sorpresas.


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