Rabia y dolor en el primer aniversario de las explosiones de Beirut
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5 Agosto 2021

Rabia y dolor en el primer aniversario de las explosiones de Beirut

Decenas de miles de personas se manifiestan para exigir justicia a sus gobernantes por la catástrofe que provocó más de 200 muertos y devastó parte de la capital libanesa

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La rabia y el dolor se han abierto paso este miércoles en Beirut para exigir justicia. Decenas de miles de personas confluyeron en el puerto de Beirut, cuando se cumple un año de las explosiones que devastaron la ciudad y causaron 217 muertos (entre ellos, seis niños). Las marchas masivas reclaman responsabilidad a los gobernantes, que aunque fueron informados de que se almacenaban 2.750 toneladas de nitrato de amonio -un fertilizante altamente inflamable- sin condiciones de seguridad, no hicieron nada para prevenir la tragedia.

Portando retratos de las víctimas, los manifestantes ondearon banderas libanesas y blandieron pancartas con sus reivindicaciones. "El pueblo demanda que caiga la inmunidad", "Todos somos iguales ante la ley", se leía. Un grupo vestido con túnicas negras llevaba una guillotina de cartón. Otros portaban fotos de líderes políticos, como el presidente, Michel Aoun, o Hasan Nasrala, el líder del grupo chií Hizbulá, con el lema "Se busca", informa Efe. Varias marchas han partido de diferentes puntos de la ciudad, han dirigido sus gritos contra el Parlamento al pasar junto a él, y han enfilado hacia el puerto, la 'zona cero' de la catástrofe.

Las fuerzas de seguridad desplegadas en las grandes avenidas, cerradas al tráfico, respondieron con gases lacrimógenos a los jóvenes que lanzaron piedras en algunos puntos. En las inmediaciones de la sede legislativa se han registrado disturbios entre manifestantes y policías, que han respondido con cañones de agua y balas de goma. Hay decenas de heridos, informa Afp citando a la Cruz Roja local, entre ellos ocho hospitalizados.

Cuando los relojes han marcado las 18:07, la hora del desastre (una hora menos en España), se han leído los nombres de todos los fallecidos, uno por uno, y se han celebrado misas y rezos. "No nos quedaremos en silencio. Es un crimen contra la patria", decía a France-Presse Wafaa Karam, hermana de uno de los bomberos que murieron intentando apagar el incendio en la nave de nitrato de amonio, preludio de la deflagración. La onda expansiva devastó todo lo que encontró a su paso en un radio de al menos 20 kilómetros y se dejó sentir en Chipre, a más de 240 kilómetros de distancia. Está considerada una de las mayores explosiones no nucleares de la historia. "Nos han asesinado y destruido. Queremos saber quién ha matado a nuestros hermanos y destruido nuestras vidas", añadía la mujer.

Pero un año después no ha habido rendición de cuentas. Las investigaciones pronto revelaron que el nitrato de amonio llevaba abandonado en esa nave portuaria desde 2014 y que funcionarios de diverso nivel de responsabilidad sabían de su presencia pero nada se hizo. El entonces primer ministro, Hasan Diab, dimitió una semana después, admitiendo que "la corrupción es más grande que el Estado". El juez de instrucción Fadi Sawwan presentó cargos contra Diab y tres ex ministros por "negligencia con resultado de muerte". Diab rechazó las alegaciones. Poco después, el juez fue recusado y sustituido por Tarek Bitar, que amplió el punto de mira y persiguió a militares y oficiales de Inteligencia. En febrero, Bitar pidió al gobierno y al Parlamento levantar la inmunidad de los jefes de las dos principales agencias de seguridad y de dos diputados para interrogarles. Sin embargo, la clase política cerró filas y rechazó levantar la inmunidad.

"Rehenes de un Estado asesino", se lee en un gran cartel colgado de un edificio acristalado que mira hacia el puerto. A la exigencia de justicia se une el enorme impacto psicológico que aún pesa sobre los beirutíes. "Una de cada tres familias con niños que hemos encuestado revela que aún tienen problemas de estrés emocional", explica Raquel Fernández, jefa de comunicación de Unicef en Líbano. "Los niños todavía tienen miedo a otra explosión y reaccionan a ruidos inesperados. Es una situación que requerirá atención durante mucho tiempo", añade en conversación telefónica con ELMUNDO.es desde Beirut, donde vive y trabaja desde hace tres años.

"En este primer triste aniversario, el 98% de las familias afectadas por la explosión siguen necesitando ayuda. La inmensa mayoría no tiene recursos para cubrir las necesidades básicas: el 77% de las familias no tiene para comprar toda la comida que necesita", describe Fernández. "No existían casos de malnutrición en el Líbano y ahora se empiezan a identificar, aunque aún no sabemos si son una tendencia o sólo casos aislados", anticipa.

Las explosiones agravaron la crisis política y económica que lastraba el país desde el otoño de 2019. Desde la dimisión de Diab, el ejecutivo se ha mantenido en funciones porque los dos intentos para formar un nuevo gabinete han caído en saco roto. Tras la renuncia de Saad Hariri, que lo intentó durante 10 meses, el encargado de formar gobierno es ahora Najib Mikati. Pero pese a su impulso no ha podido ofrecer un ejecutivo a los libaneses siquiera para encarar esta jornada de luto. "Me habría gustado que el ritmo de formación de gobierno hubiera sido más rápido", reconoció.

La solución de la parálisis política es la principal exigencia de la comunidad internacional para entregar las ayudas concedidas al Líbano. En una nueva conferencia de donantes organizada a iniciativa de Francia, las potencias mundiales prometieron 370 millones de dólares adicionales. "Los dirigentes de Líbano le deben a su pueblo la verdad", dijo el presidente francés, Emmanuel Macron, al prometer 118 millones de dólares (casi 100 millones de euros). La misma cantidad que anunció el presidente de EEUU, Joe Biden, quien precisó: "Ningún monto de ayuda exterior será suficiente si los líderes de Líbano no se comprometen a hacer el trabajo necesario de reformar la economía y combatir la corrupción".


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