Ramon Fontserè: ''Ahora en Cataluña hay odio y se excluye al que no piensa como tú''
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24 Mayo 2021

Ramon Fontserè: ''Ahora en Cataluña hay odio y se excluye al que no piensa como tú''

Después de seis años sin actuar en Barcelona, vuelve con el humor de Joglars para satirizar el nacionalismo radical. Dirige e interpreta a un Santiago Rusiñol que simboliza la patria del arte frente a las identitarias

Ocio Els Joglars llega a Madrid con su crítica al 'procés' Retrato Lo singular de ser mucha gente

El flamante teatro Apolo se ha llenado de cintas métricas: el Craneómetro, que sirve para medir la cabeza de españoles (50-60 cm) y catalanes (más de 60 cm). Porque el cráneo catalán tiene el lóbulo frontal más desarrollado que el de sus vecinos. Es el primer gag de Els Joglars, antes de empezar la representación de Señor Ruiseñor, una sátira sobre el independentismo que ha tardado más de dos años en hacer temporada en Barcelona (llevaban seis años sin actuar en la capital catalana). «No nos alquilan», dice el actor y director Ramon Fontserè parafraseando a Josep Pla. Desde 2012, cuando Albert Boadella le traspasó las riendas de Joglars, dirige una de las compañías teatrales más antiguas del país: en 2022 cumplirán 60 años, que celebrarán con una obra sobre Aristófanes. Después de ser el Excels Jordi Pujol, el Generalísimo Franco y el mismísimo Dalí, ahora Fontserè encarna a Santiago Rusiñol, un catalán universal «destructor de fanatismos».

Este Craneómetro es pura ironía, ¿pero ilustra el fanatismo de parte del independentismo?

Sí. De hecho, es una teoría que el doctor Robert formuló en el XIX, nosotros no inventamos nada. Oriol Junqueras también escribió en 2008 un artículo hablando de la mayor proximidad genética de los españoles con los portugueses y de los catalanes con los franceses... El teatro y la comedia son un reflejo de la sociedad. Todo lo que exponemos se ha producido de alguna manera. Hasta quieren poner fronteras al cráneo...

En la obra inventan un supuesto Museo de la Identidad donde se expone ese cráneo con barretina. Un museo que recuerda a un proyecto de ERC de 2008 para crear un Museu Catalònia.

Es la idea de una sociedad exnovo, de empezar de cero... Señor Ruiseñor es una obra de esperpento, pero la realidad lo supera. Nos inspiramos en ella y todo este delirio... Seguro que Rusiñol habría hecho sainetes con el procés.

Joglars lleva más de 20 años criticando el nacionalismo catalán. En 1995 usted ya interpretó a un Jordi Pujol que proclamaba: «La cultura catalana soy yo, la moreneta y el Barça». ¿Cómo ve la situación ahora?

Poco nos hemos movido de ahí. La situación se ha radicalizado: ahora en Cataluña hay odio y se excluye al que no piensa como tú. No tiene una solución fácil a corto plazo. Con Señor Ruiseñor queremos reflexionar sobre la destrucción de unos conceptos de vida libre que no han sido sustituidos en la actualidad. En Cataluña se ha arrancado o falseado el pasado y se ha configurado un orden inventado. Hay dos populismos, aquí y en Madrid.

En la obra reivindican el arte como patria universal frente a las patrias identitarias. ¿Cuál es la diferencia entre la patria catalana del independentismo y la patria española que ensalza Vox?

Es lo mismo. Son dos populismos, dos tipos de nacionalismo. El independentismo siempre tiene un punto excluyente y xenófobo. Para los nacionalismos es más fácil creer que pensar: es la unión de la manada. Si alguien piensa diferente está señalado. Siempre hay un pasado mítico que no pudo ser, con una visión victimista que se lamenta de las mil putadas y malas historias. Y espera un futuro esplendoroso en una suerte de Arcadia.

¿Les han invitado o les entrevistan en TV3?

No. No creo, vamos. Es la táctica del silencio, lo que intentaron con Boadella. No hay un veto oficial, pero no existes.

¿Qué puede enseñar Rusiñol a esta Cataluña?

Era un catalán español cosmopolita. Cuando Alfonso XIII quiso hacerle marqués se negó porque decía que había tenido todo lo que quería. Solía decir: «Soy un hombre sin calvario». Tenía un espíritu renacentista: pintaba y escribía, fue uno de los grandes coleccionistas de hierros antiguos, tocaba la guitarra y cantaba... No toleraba los fanatismos ni los extremos. Cuando le hablaban de política decía «¿para qué hablar de política cuando hay este cielo tan azul?». Un día iba a la tertulia de los monárquicos, después a la de los republicanos y luego a la de los carcas... La cuestión era no ir a dormir. Al mismo tiempo también era un hombre que necesitaba aislarse. Pla le definía como «un sátiro triste», le entraban ataques de melancolía. Miraba la vida con cierto escepticismo, era muy sensato. Rusiñol formaba parte de esa generación irrepetible de grandes catalanes: Ramon Casas, Isaac Albéniz, Enrique Granados...

En la obra hay una referencia a un tal Carlitos Puigdemente...

La actualidad política es tan plástica y voluble que lo que es hoy mañana ya no está... Hemos hecho un retrato impresionista de lo que ha pasado en los últimos años. El teatro sirve para reírse de uno mismo, para sacar hierro a la seriedad y a la tragedia.


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