Raúl Arévalo: ''Los mismos que dicen odiar el cine español son los que luego te piden autógrafos''
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8 Diciembre 2021

Raúl Arévalo: ''Los mismos que dicen odiar el cine español son los que luego te piden autógrafos''

El actior y director estrena su primera película tras el Covid, un 'western' localizado en lo más profundo de la albufera que atiende al nombre de 'El lodo'

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Raúl Arévalo (Móstoles, 1979) sigue ahí. En la tele en Historias para no dormir y en el cine en la cinta recién estrenada El lodo, de Iñaki Sánchez. Todo ello mientras divide su tiempo como el actor que siempre ha sido y es (El Santo y Voy a pasármelo bien) y el director que también es y quiere seguir siendo (Apagón para la tele y su esperada segunda película). El hombre que siempre estuvo allí. O aquí.

El lodo es su primera película tras el covid. ¿Cómo hay que interpretar este dato?

Como lo que es. Fue una liberación y los primeros pasos en un mundo que se quiera o no, para bien o para mal, ya es diferente. Rodamos con eso de los antígenos diarios y con el miedo de que de repente, en un producción pequeña como ésta, se viniera al traste todo con un solo contagio.

¿Cómo cree que el Covid ha cambiado el mundo? Y no pregunto por el cine.

Lo que más me llama la atención es nuestra capacidad de adaptación. Al principio, eso de llevar la mascarilla cinco minutos era un agobio y ahora la tenemos (o yo al menos) como una prenda más. Hace poco comiendo un bocata me sorprendí a mí mismo guardando la distancia de seguridad sin pretenderlo. Y alrededor de mí, la gente hacía lo mismo. Digamos que ya forma parte de nosotros todo lo que nos ha pasado.

La película plantea, tomando la albufera de Valencia como escenario, nada menos que la preservación de los recursos naturales del planeta y el conflicto que se desencadena entre los conservacionistas que buscan un bien a largo plazo y los que allí viven que quieren simplemente llegar a final de mes. ¿Puede la búsqueda del bien provocar un mal?

Ése es un dilema eterno. Un bien mayor puede traer como consecuencia un mal inmediato. ¿Qué tiene más sentido pensar en el futuro de lo que se deja a las generaciones futuras o en el presente que es la condición para que esas generaciones simplemente existan? Mi personaje intenta ayudar a los que viven de la albufera, pero el precio que paga es arruinarles su modo de vida. Los dos tienen razón y ninguno la tiene en verdad.

¿Y cuál es la solución?

Si lo supiera no sería actor. O no sólo. Pero básicamente me atrevo a decir que todo pasa por el diálogo y la comprensión del otro, que es precisamente lo que no ocurre en la política actual.

Pero, ¿no es como no decir nada apelar simplemente al diálogo sin decir en qué condiciones?

R.- Obviamente, pero sí es importante en una actualidad tan crispada como la actual tener esto claro. Tener claro que el diálogo es la única solución. Luego vemos cómo, pero ahora no está siquiera claro lo más evidente. La crispación ha dejado de ser una consecuencia para convertirse en un fin. Se busca la crispación porque hay gente a la que le es útil. Eso es lo nuevo. Todo cambiaría si fuéramos conscientes de que el problema puede que seamos nosotros, que la culpa no es sólo del que está enfrente.

Se nos ha ido la conversación a lo muy abstracto...

Pondré un ejemplo. El otro día veía en Twitter un vídeo de John Cleese que creo que daba con la clave. Lo que hemos perdido es el sentido del humor. Cuando tienes sentido del humor sabes que de lo primero que te tienes que reír es de ti mismo. Si eres consciente de eso, ya llevas mucho adelantado. No hay ningún tirano ni guapo con sentido del humor. Además, y por volver a eso de la crispación, me irrita mucho esa sensación de que todo vale. Antes, como ahora, había casos de corrupción, pero en el pasado se hacía por taparla y había una sanción social. Ahora si el corrupto es de los nuestros, no pasa nada.

¿Se reconoce en su vida diaria en el protagonista de la película que por intentar arreglar las cosas acaba estropeándolas?

Constantemente. No es sólo lo que haces, sino cómo lo haces. Muchas veces tienes razón pero la pierdes por las formas. Y ahí sí que me veo o me he visto. He aprendido un poco a controlarme.

Siguiendo con la crispación, pero cambiando de escenario, ¿para cuándo se acabará la crispación de algunos con el cine español?

Es raro. Yo creo que va con nuestra forma de ser despreciar quiénes somos o lo que somos. No hablaré del ejemplo francés ni de los funerales de Estado por la muerte de Belmondo. Eso aquí es impensable. Prefiero hablar del bar de mi padre. Cuando le ayudaba en la barra, me cansaba de discutir con los clientes que se metían con el cine español con lo típico de las subvenciones y todo eso. Mi padre me decía que me controlara. Pero lo curioso es que cuando ya me reconocían como actor, se acercaban a preguntarme si conocía a éste o aquél y si podía pedirles un autógrafo. Entre el insulto y que me pidieran una foto pasaba un segundo. Es decir, los mismos que desprecian el cine español luego me piden autógrafos. Somos lo que somos y no veo viable cambiarlo. Imagino que se puede templar. Nada más.

¿Para cuándo otra película como director?

R.- Si no hubiera habido Covid, la pregunta estaba contestada. Pero en cuanto nos confinamos se juntaron dos cosas: que actuar es lo que me da de comer y que quiero hacer la película que quiero hacer. Es decir, no quiero ceder en nada porque no necesito dirigir. Tras la pandemia, me empezaron a hablar de limitaciones, miedos, dudas... y no. Yo quiero ser dueño de mis errores, que no sean motivados por otros.


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