Real Sociedad y Sevilla empatan a tedio
18:42
19 Septiembre 2021

Real Sociedad y Sevilla empatan a tedio

Un partido intenso y tedioso con un 0-0 que ni Lopetegui ni Alguacial fueron capaces de romper desde el banquillo. Oyarzabal falló un penalti en la única ocasión importante en noventa minutos

El partido Así lo vivimos

El tedio es un privilegio aristocrático. Sólo el que mucho tiene puede disfrutar de este antiguo y pulcro arte que es no hacer nada. Con la excusa de la presión alta, dos grandes equipos dedicaron sus primeros minutos a lucir el brillo de sus garras como inofensivos joyones victorianos. Lamela y Oyarzabal rugían en las mejillas de las áreas, pero el balón se abandonaba al circunloquio, al pase atrás, al acuno del portero. Una gimnasia yerma. Cuando el bostezo vagabundeaba ya por las gradas del Reale Arena, un penalti de Diego Carlos, otra anotación para su abultado certificado de penales, conmovió el choque. Mateu Lahoz revisó en el VAR la clamorosa mano del sevillista. El central evitó una ocasión de Sorloth, que había controlado con el pecho en el área pequeña, con un manotazo desesperado. Distanciados por once metros de hierba, especialista contra especialista. Oyarzabal tiró al centro y Bono, como habitúa, aguantó sin catapultarse hacia un palo. El marroquí se venció suave a la derecha y con el pie logró despejar el esférico.

Al equipo de Lopetegui le duró el temblor de rodillas toda la primera mitad. Con Papu desaparecido en una banda, con En-Nesyri tapiado por la zaga donostiarra, con Lamela sin chispa y Rakitic más preocupado en contener que en construir, la pelota comenzó a ser patrimonio de la banda local.

Cosido a faltas laterales, el Sevilla se agarraba a Bono, un dique frente a la hostilidad de la Real. Isak, en el minuto 34, estuvo cerca de batirle, pero el meta marroquí sacó a dos manos su disparo escorado. El delantero sueco tuvo que ser sustituido antes del descanso. Entró Januzaj por el lesionado. El belga, nada más llegar, tiró con convicción una falta lejana que a punto estuvo de sorprender al arquero nervionense, que despejó como pudo el balón enrabietado. El cero a cero era júbilo visitante. El equipo de Lopetegui batallaba contra sí mismo y los de Alguacil tenían la sensación, se les notaba en el entusiasmo y la determinación, de que podían llevarse el partido a poco que dieran una vuelta de tuerca a su fútbol.

Tras el descanso, Óscar sustituyó a Rakitic y Ocampos a Lamela en el Sevilla. Papu pasó al centro para fantasear en el gajo del área. El Sevilla, como Ártax, se estaba hundiendo en los Pantanos de la Tristeza. Sólo Fernando, como Atreyu, tiraba de las riendas con desesperación y soledad. El equipo de Julen no estaba compitiendo. La Real, contagiada por el ritmo tierno, quiso acelerar el juego y buscar un gol que se hacía de rogar. Lobete sustituyó a su capitán Oyarzabal. Quedaba media hora, un tiempo suficiente para la gloria, pero también para la tragedia.

Mucha poesía sobre la hierba, pero el Sevilla se expresaba colgando balones al área. Rafa Mir, ya en el rectángulo, trataba de convertir alguno de esos balonazos en un improvisado tesoro. Tres cambios de Alguacil, Valera, Zaldua y Guevara, fueron la traca final de los locales. Pasaban los minutos y el empate parecía poco premio para un partido tan llano. El entrenador txuri-urdin agitó el banquillo pero no hubo sacudida sobre el césped. Los últimos diez minutos fueron monótonos y simples, con dos bloques ciegos chocando en zonas templadas. El cansancio agostó el fútbol. Rafa Mir, en el 85, estuvo cerca de batir a Remiro, que rechazó con algo de suerte su tiro cruzado. Fue lo último destacable en un partido desapasionado e impreciso, con Europa aún agarrada a los gemelos.


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