Red Rocket, una fábula porno de la América profunda
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5 Mayo 2022

Red Rocket, una fábula porno de la América profunda

El director Sean Baker insiste en retratar la cara B del sueño neoliberal y convierte al ex actor porno Simon Rex en el héroe involuntario de una odisea triste, sucia y deslumbrante a la vez

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En inglés se les conoce como suitcase pimp, cuya traducción literal (proxeneta de maleta) no queda claro si hace referencia a su doble vertiente tanto de chulo (y, por tanto, explotador) como de simple asistente (o casi secretario) de la estrella porno de marras. «He conocido a infinidad de tipos así en los últimos 10 años en Los Ángeles. Y tuve claro que merecían una película», comenta Sean Baker a modo de presentación y justificación de Red Rocket, su nuevo trabajo que se estrena este viernes tras haber sido presentado en Cannes.

Recuerda el director, y lo hace en el Festival de Las Palmas de Gran Canaria donde ha sido la semana pasada la estrella invitada, que todo surgió mientras se afanaba en la producción de una película anterior, Starlet. Rodada en 2012 un par de años antes de la que sería su primer éxito, Tangerine, la cinta se detenía en la improbable relación entre una incipiente actriz del cine para adultos y su anciana y muy lúcida vecina. «Lo que me llamó la atención de estos tipos es que son auténticos supervivientes. Se pasan las 24 horas del día actuando en un estado de euforia febril. Son unos sujetos tan fascinantes como molestos», añade.

Reconoce también (y lo hace entre dientes) que son unos tipos completamente al margen del mundo, de este mundo y, apurando, de este cine. Se podría decir que el MeToo ha acabado (o va camino de hacerlo, pese a la reacción) con muchos vicios del patriarcado, incluido «el de la omnipresente mirada masculina heterosexual». «Soy consciente», sigue, Baker, «de que corría un riesgo. Hemos tenido un siglo entero de ese modo de mirar y ya es suficiente. Pero, por otro lado, para contar esta historia y para entender las miserias de este modo de entender la vida, no me quedaba más remedio que abrazar esa mirada masculina... Por un momento pensé que viviría una auténtica tormenta en Twitter y, al final, no ha sido para tanto. Vivimos un tiempo en que estamos en un constante estado de ansiedad por culpa las redes». Y se ríe.

Para situarnos, Red Rocket es básicamente la historia del ex actor porno Simon Rex transfigurado en Mickey. Fuera y dentro de la pantalla, el personaje y el intérprete son casi la misma persona. «He seguido su carrera desde siempre y me ha llamado su capacidad para adaptarse a todo. Y eso es básicamente lo que me interesa como cineasta. Mi idea es quitar los estigmas a determinadas profesiones o grupos sociales. Las grandes historias también las puede contar una trans que vive de la prostitución. Vivimos en una sociedad capitalista que no hace más que celebrarse a sí misma y celebrar el éxito. Pero lo hace a costa de todos aquellos a los que no permite entrar por la razón que sea, por inmigrantes, por indocumentados, por negros o por simplemente pobres. Y todos ellos se buscan la vida al margen en la economía clandestina en la que entra el porno», dice el responsable de The Florida Project con la misma contundencia con la que, en efecto, rueda.

La película combina naturalismo debidamente sucio con una mirada a la vez cálida, lírica y doliente. El cine de Baker es un intento constante, plano a plano, de redención. De la mano de un libreto de Chris Bergoch, con quien ha trabajado en cuatro ocasiones, lo que queda es la historia -brutal en su acidez, divertida y triste al mismo tiempo en su desparpajo- de un suitcase pimp (Rex) empeñado en introducir en el negocio a una joven a punto de los 18 años (Suzanna Son). «Es duro, pero es parte de la mecánica de cómo funciona esto. Si alguien ve potencial en una mujer joven para entrar en la industria del cine para adultos, lo hará lo más joven posible», apunta.

Baker no oculta el gusto por el riesgo y por las zonas «moralmente grises». «No creo en el cine reivindicativo ni en el cine condescendiente con el espectador. Demasiadas veces nos dejamos arrastrar por el cine que señala cuáles son las virtudes. Y creo que eso está bien en el cine convencional. Si estás haciendo una película de superhéroes está bien que te esfuerces en hacerla lo más inclusiva posible. Eso está bien porque es un cine industrial de palomitas enfocado a los niños. Pero no creo que sea mi cometido hacer eso. Mi cine es para adultos y no sirve fórmulas. El espectador no se va a sentir bien y la idea es que se las vea con sus propias dudas». Queda claro.


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