Ruben Östlund: ''Hay que abandonar la dicotomía entre cine de autor aburrido y cine popular estúpido''
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30 Mayo 2022

Ruben Östlund: ''Hay que abandonar la dicotomía entre cine de autor aburrido y cine popular estúpido''

El director sueco, ganador de su segunda Palma de Oro por 'The triangle of sadness', reivindica la figura de Buñuel y propone el cine como provocación y zona de encuentro.

'Triangle of sadness' Trinfadora en Canne Crítica Conmoción en Cannes

"La primera palma de Oro puede ser un accidente, pero la segunda...». Ruben Östlund (Styrsö, Suecia, 1974) bromeaba el sábado apenas terminada la gala de entrega de premios del Festival de Cannes y quién sabe si en los puntos suspensivos se iba un gesto de victoria hacia su críticos, muchos de ellos, evidente y aparatosamente enfadados. «La crítica forma parte del debate y que alguien se enfade por una película lo interpreto como una buena señal. Eso quiere decir que lo que haces importa, que el cine importa», comentaba días antes en una entrevista tras la presentación de Triangle of sadness. Con ella, no sólo ha entrado en el club selecto de los cineastas con dos palmas sino en el aún más exclusivo de aquellos que las consiguen con dos películas de forma consecutiva: Coppola, Haneke y él.

Se hizo raro ver a tanta gente reírse en una película del festival de festivales del cine de autor. ¿Cómo lo interpreta?

Fue Michael Haneke el que, tras la presentación de Happy end, dijo que la única manera seria y responsable de retratar la realidad es en forma de farsa. Mire lo que ha pasado por la película No mires arriba. Mi intención es hacer un cine que ayude a discutir y pensar la realidad. Hay que abandonar la dicotomía entre cine de autor aburrido y cine popular estúpido. Eso es un enfoque equivocado y condena al cine.

¿Entiende que el cine vive una especie de encrucijada?

Creo que el cine europeo ha olvidado a algunos de sus autores. Pienso por ejemplo en Lina Wertmuller o en Luis Buñuel. No creo que sea una locura combinar, o intentarlo al menos, lo mejor del cine de autor y lo mejor del cine comercial americano. La conexión con la audiencia no es algo que se pueda despreciar. Hay que darle una razón a la gente para salir de casa e ir al cine no sólo a divertirse sino a discutir de las cosas que importan... que es una forma de divertirse.

¿Podríamos definir a su cine política-espectáculo?

El cine que procuro hacer es un reflejo de lo que viví toda mi vida en casa. Mi madre se considera a sí misma una comunista. Cimentó su ideología en los movimientos izquierdistas de los años 70. Mi hermano en cambio es un hombre liberal de derechas. Cada comida en casa es un encendido debate sobre lo divino y humano...

¿Cuál es su postura en las discusiones?

Soy sueco, cuidado. Una vez, un economista comparó a la igualdad con la ley de gravedad. Para que se mantenga tanto una piedra como la igualdad tienes que intervenir, tienes que organizarte, tienes que distribuir la riqueza en beneficio de todos. Dicho esto, hasta Marx y Lenin encontraron virtudes al capitalismo. Creo que la izquierda se ha olvidado un poco de Marx. Ni todos lo ricos son mezquinos y egoístas; ni todos los pobres genuinos, generosos y amables.

Me pierdo.

Lo que quiero es reivindicar el valor de la política y la discusión; la necesidad de pensar las cosas en común. La mayor obsesión del ser humano es la igualdad. Pero no podemos hacer de ella una cuestión individual. Si vemos un mendigo por la calle, pensamos que tenemos que hacer algo, pero simplemente darle unas monedas no va a ayudar mucho. Si un multimillonario se ve en la misma situación, ¿qué debe hacer? Darle todo su dinero. Tampoco creo que ayude. Está claro que el problema es social.

Toda la reivindicación del diálogo viene en un momento especialmente tenso en toda Europa con el ascenso irresistible de los nacionalismos, los insultos y la extrema derecha.

En efecto. La extrema derecha en Suecia tuvo mucho éxito al dar una respuesta a una especie de insatisfacción general de la gente. Una respuesta sencilla y falsa a un problema complejo. Lo grave es que esa manera de entender la política se ha extendido a todos los demás partidos políticos que viven presos de ganar elecciones como sea.

Una constante en su cine es el intercambio de papeles. Se ha especializado en convertir en incómoda una situación agradable. Sus personajes son convocados una y otra vez a discutir su identidad...

Sí, me interesa hablar y que hablemos sobre las políticas de identidad. Por un lado, creo que han abierto un debate y pelean por una igualdad, volvemos a ella, que es necesaria. Creo en la cuotas y en la necesidad de nuevos modelos sociales, por ejemplo. Pero por otro, extremarlas lleva a sinsentidos como victimizar a determinados grupos caracterizados como depredadores únicamente. No creo que sea muy adecuado. Además, me da la impresión de que buena parte de estas políticas han sido secuestradas por determinadas fuerzas económicas hasta el punto de ser algo así como cinismo disfrazado de optimismo.

Por tranquilizanos, la descomunal escena en la que todos vomitan son efectos especiales, ¿verdad?

Mitad y mitad. La cosa se fue de las manos.


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