Rusia planta cara a Ucrania en la batalla más sangrienta de la guerra y logra avances en Bakhmut
03:10
15 Diciembre 2022

Rusia planta cara a Ucrania en la batalla más sangrienta de la guerra y logra avances en Bakhmut

Los altos mandos de Kiev creen que la toma de Bakhmut podría alterar el statu quo actual en el que Ucrania parece mantener la actitud ofensiva.

Bakhmut. Hasta 2016, Artemivsk. Desde hace seis meses, el objeto de deseo de la ofensiva rusa, que ha centrado ahí sus ataques más brutales y mortíferos desde que comenzó la guerra, superando incluso la masacre de Mariúpol. Esta localidad, de unos setenta mil habitantes cuando se desataron las hostilidades hace casi diez meses, fue en su momento una pieza clave del puzle ucraniano en el Donbás. En Bakhmut se concentraban buena parte de sus hombres de reemplazo y partían sus líneas de suministro. De Bakhmut salía la autopista que daba acceso directo al núcleo Sloviansk-Kramatorsk y permitía continuar la defensa de Sievierodonetsk y Lisichansk antes de que ambas ciudades cayeran en manos rusas.

La lucha por Bakhmut tuvo todo el sentido del mundo en junio, en julio y tal vez en agosto. La lucha por Bakhmut se convirtió, de hecho, en un símbolo. Por parte ucraniana, el símbolo de la resistencia, el muro que se negaba a caer. Por parte rusa, el símbolo del poder del Grupo Wagner y su dueño, Eugeni Prigozhin. Empeñado en librar una guerra interna contra los dirigentes del ministerio de defensa y, en especial, contra el ministro Serguei Shoigú y el jefe del estado mayor, Valeri Gerasimov, Prigozhin mandó a sus mejores hombres a tomar una ciudad que, en su opinión, podía desnivelar la guerra y ganarle así todo tipo de honores a ojos de Vladimir Putin.

De eso, ya decimos, hace seis meses. Seis meses de bombardeos, de destrucción y de muerte. Es imposible calcular cuántos hombres han caído en la batalla de Bakhmut, pero se cuentan por miles. Los ataques rusos se lanzan por oleadas de infantería: hombres y hombres que son entregados a la trituradora con el único objetivo de acabar agotando la defensa ucraniana. Sin luz, sin gas y sin agua potable, buena parte de los habitantes de esta ciudad casi fantasma se niegan a abandonar lo que queda de sus hogares. Ya sufrieron la guerra en 2014 y creen que podrán volver a empezar en 2023.

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El símbolo vacío

Todo pudo cambiar para estos habitantes de Bakhmut cuando, pasado el verano, el frente ruso de Járkov se hundió. El avance ucraniano sobre Limán permitió asegurar el eje Sloviansk-Kramatorsk, amenazar Kreminna-Svatove y, sobre todo, buscar una alternativa a Bakhmut como centro de operaciones. En principio, eso debería haber liberado la presión sobre la ciudad. Rusia necesitaba defender otros territorios -por ejemplo, el norte de Jersón, que cayó a las pocas semanas- e incidir en la toma de una ciudad ya irrelevante estratégicamente resultaba absurdo.

Sin embargo, ni Prigozhin, ni Putin, ni Surovikin han querido ceder en su empeño. Bakhmut debe caer. Si en verano, la justificación era geográfica y material, en otoño ha sido puramente emocional: hay que ofrecer un triunfo a la opinión pública rusa como sea entre tanto fracaso… y tal vez pensaban que Ucrania dejaría caer la pieza, precisamente porque tampoco le iba ya gran cosa en ella. Si se habían retirado de Sievierodonetsk, su gran capital de Lugansk, ¿cómo no iban a hacerlo de Bakhmut?

Edificios destruidos en Bakhmut

Edificios destruidos en Bakhmut Reuters

Pero no, tampoco lo hizo. Ucrania mandó más y más hombres a defender la plaza, simplemente para negarle a Putin esa victoria simbólica y, sobre todo, para no ceder la iniciativa en la guerra. Los altos mandos de Kiev creen que la posible toma de Bakhmut podría alterar el statu quo actual en el que Ucrania parece mantener la actitud ofensiva mientras Rusia se resigna a defender lo poco que le queda de lo que conquistó durante la primavera pasada.

Aparte, se insiste en que, de esta manera, se están mermando las fuerzas rusas, tanto en forma de pérdidas humanas como de munición desperdiciada. Cuanto más tiempo pasen los mercenarios del Grupo Wagner -en buena parte ya, expresidiarios y buscadores de fortuna- luchando por un objetivo vacío, menos ayudarán a reforzar los lugares estratégicos que realmente cuentan, tanto en Donetsk como al oeste del río Dniéper.

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El papel de la propaganda en el caos

El problema de esa narrativa es que funciona en ambos sentidos. Los dos ejércitos aseguran estar debilitando al contrario y probablemente ambos lleven razón. Desde Moscú ya se reconoce que el objetivo no es tanto avanzar en su conquista del Donbás como diezmar al ejército ucraniano, apelando al reclamo original de febrero de la "desmilitarización" de Ucrania. Sin embargo, todos los informes desde la zona apuntan a una sangría por parte precisamente del bando ruso, que ataca con una proporción de ocho o nueve hombres a uno y, por lo tanto, presenta un número de bajas equivalente.

Ahora bien, no podemos estar demasiado seguros de lo que pasa en Bakhmut porque, como sucede en toda guerra y más aún en un enclave simbólico, la desinformación y la propaganda lo llenan todo. Las redes sociales amanecen cada mañana con eufóricos mensajes prorrusos que aseguran que la ciudad está a punto de caer y que sus tropas han conseguido avanzar de manera decisiva y se acuestan con los mensajes de cuentas proucranianas que aseguran que todos los ataques han sido rechazados y que los avances, de haberlos, son mínimos.

Soldados en Bakhmut

Soldados en Bakhmut Reuters

Es muy complicado para el espectador imparcial saber exactamente qué está pasando allí. Determinar el número de bajas de cada bando, establecer la ubicación concreta de cada ejército y, sobre todo, resolver qué puede pasar si uno u otro ejército acaba haciéndose con la victoria. Si Bakhmut cae en manos rusas, ¿cabe esperar el inicio de una ofensiva hacia Sloviansk o sería simplemente un triunfo de cara a la galería, una excusa para colgar banderas rusas en edificios semiderruidos y luego subir las fotos en Telegram?

A su vez, si Bakhmut aguanta, ¿a qué precio lo hará? ¿Le está compensando a Ucrania concentrar ahí tropas y acumular bajas o debería entregar la ciudad y retirarse a posiciones más seguras para recuperarla después, como hizo con Limán? Nos faltan demasiados datos como para emitir un juicio sensato al respecto. En las últimas veinticuatro horas, se ha publicado que los rusos ya están en las afueras de la ciudad, amenazando los barrios periféricos, y, al mismo tiempo, que una unidad entera del Grupo Wagner ha sido eliminada gracias al bombardeo de sus cuarteles.

Lo que tienen en común ambas noticias son la destrucción y el horror. Muertes por un lado y muertes por el otro. Los detalles son los que se nos escapan y son los que darían contexto a la situación. Bakhmut aguanta, sí, pero ¿sabe Ucrania lo que hace al resistir a cualquier precio? ¿Sabe Rusia los riesgos de una operación suicida como esta solo para darle el gustazo político a uno de sus peces gordos? Cuando todo es confusión, la información se convierte en propaganda. Y sobre la propaganda es muy difícil elaborar conjeturas.

Guerra Rusia -Ucrania

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