Sánchez pide ''generosidad y paciencia'' en los indultos que cambiarán ''un pasado malo por un futuro mejor''
16:45
31 Mayo 2021

Sánchez pide ''generosidad y paciencia'' en los indultos que cambiarán ''un pasado malo por un futuro mejor''

El presidente se niega a ponerles fecha, pero confirma implícitamente su sentido: ''Solucionar un problema nunca será un coste para el Gobierno''.

El presidente del Gobierno sigue sin querer ponerle fecha a los indultos a los políticos condenados por el golpe independentista de 2017. Y aunque no se atreve a reconocer públicamente que los va a conceder, sí que advierte que "poner solución a un problema no es ningún coste para un Gobierno". Es decir, que si Pedro Sánchez se puso la venda antes de la herida hace una semana calificando de "revanchista y vengativo" a quien rechace la medida de gracia para Oriol Junqueras y los demás, ahora se da el alta hospitalaria a sí mismo, dando por hecho que su decisión será sanadora.

Sánchez ha pedido, en todo caso, "paciencia y generosidad" en el asunto del perdón a los condenados. "Paciencia" porque son "once expedientes distintos que ahora mismos", dijo este lunes en Alcalá de Henares, "se están elaborando en el Ministerio de Justicia". Y "generosidad" remitiéndose a su discurso e investidura, en el que dijo hace poco más de 14 meses que "el conflicto en Cataluña no se va a solucionar de manera inmediata". 

Para el presidente, la clave es "retomar la vía política", ahora que ya ha hablado el tribunal sentenciador. Curiosamente, en esta ocasión, Sánchez no ha hecho ninguna referencia ni al dictamen "negativo" a la concesión de "cualquier forma de indulto, ya sea total o parcial". Ni tampoco ha puesto calificativos a la posición de la oposición o del importante sector que dentro del PSOE los critica. Quizá, precisamente, por eso.

"Tras muchos años de desencuentro y de judicialización, debemos dejar atrás un mal pasado y mirar a un futuro mejor", sentenció. Ésta fue la nueva frase prefabricada en los despachos de Moncloa con la que trató el presidente de armar su discurso. Ése que apuesta por "retomar la senda del diálogo y del pacto", y que pide "recomenzar", es decir, "volver a ese punto en el que ambas partes nos dejamos de escuchar y dejamos de entender sus razones".

Sostiene el presidente que la decisión que tome, no ya sólo será pensando "en el interés general", como defendía la semana pasada. Sino que será "en conciencia por el bien, no ya de los condenados, sino de los millones de catalanes y de españoles que queremos vivir en convivencia, conciliación y concordia". 

Junqueras en la mesa

En su afán de siempre apretar una vuelta más la tuerca, este lunes, Pere Aragonès ha deslizado que quiere ver al líder de su partido, Oriol Junqueras, sentado en la mesa de negociación entre gobiernos. Una manera de no meterle prisa por la reunión de la llamada mesa de negociación que, como cree Moncloa, no cuenta con el consenso del propio govern.

A esto, Sánchez ha contestado que "siempre hemos estado abiertos a reunirnos".

La cumbre con Polonia

cree que, a pesar de que Polonia es uno de los países a los que ha llegado a calificar como gobernados por el "populismo iliberal", su Gobierno se puede entender con el de Varsovia en el nuevo Pacto de Migración y Asilo. También en la colaboración dentro de la OTAN, de la ciberseguridad -quizás con enemigos muy distintos; nosotros, seguramente Marruecos; ellos, claramente, Rusia-, por lo que "ha sido una cumbre sorprendente", tal como ha dicho Mateusz Morawiecki, "porque aunque estemos en extremos opuestos, hay mucho en lo que estamos de acuerdo".

Se refería el primer ministro polaco a dos extremos "geográficos". Y lo hacía con una sonrisa: "No ha sido un esfuerzo tan grande venir a España", ha añadido. Y es que la cita, cuatro años después, reunía a los gobiernos de dos países muy parecidos en territorio y población, la cuarta y la quinta economías de Europa... pero a dos Ejecutivos realmente enfrentados: el presidente socialista más poderoso de la UE y el primer ministro ultraconservador con más peso. 

En Alcalá de Henares ha celebrado este lunes la 13ª cumbre entre España y Polonia, que no reunía a ambos gobiernos desde 2017, en Varsovia. En ésta se han firmado, además de la habitual declaración conjunta, seis grandes acuerdos. Cinco de ellos, memorandos de entendimiento, y un programa de cooperación. Sánchez eligió la ciudad complutense, precisamente, por ser la sede de la mayor parte de la comunidad de más de 65.000 ciudadanos polacos en nuestro país.

Inversiones en Polonia

El texto más importante y trasladable a cifras contantes y sonantes es el que tiene que ver con inversiones de empresas españolas en el programa que el socio europeo pretende desarrollar en los próximos años en materias de infraestructuras y transportes. A la "admiración por España" y la "década de salto en carreteras y ferrocarriles que nos espera" se refirió el premier polaco en su primera intervención.

Pero también a que la visión en política migratoria "es similar en que somos países fronterizos externos de la UE, por eso nos entendemos y nuestros socios nos tienen que escuchar". Pero que Varsovia no tiene ningún interés en que el Pacto Migratorio que España impulsa se parezca en nada a lo que quiere nuestro país: "No queremos que se ponga en cuestión la soberanía nacional de estas políticas, queremos ser un país seguro y fuerte".

Pero Sánchez y Morawiecki también tuvieron oportunidad de discutir sobre esos temas en los que Madrid y Varsovia discrepan abiertamente. Entre ellos, el respeto a los derechos humanos, la política migratoria -somos dos de los Estados con frontera externa entre los de la Unión- y el desarrollo mismo del proyecto de la Unión Europea.

Dentro de la UE, Polonia es, junto a Hungría, uno de los dos países inmersos en procedimientos sancionadores basados en el artículo 7 de los Tratados, que amenazan con retirarle los derechos de voto en el seno del Consejo Europeo.

Y precisamente esta amenaza de los otros 25 Estados miembros ha sido la que retrasó hasta el jueves pasado que tanto Varsovia como Budapest dieran el visto bueno a los Presupuestos europeos y, sobre todo, al mecanismo de reconstrucción europeo de los fondos Next Generation EU.

Desde la vuelta del verano pasado, el Gobierno de España se empeñó en recuperar el ritmo de las citas bilaterales con otros países, interrumpido por la pandemia y, antes, por la situación de interinidad del Gobierno de Pedro Sánchez desde finales de febrero de 2019, cuando el casi recién llegado presidente socialista hubo de disolver las Cortes al decaer los Presupuestos Generales del Estado para ese año. Y es que, aunque justo este martes Sánchez cumplirá tres años en la Moncloa, prácticamente ninguno de ellos los ha ejercido como un jefe de Gobierno al uso.


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