Sangre, carne, sexo y 'Titane', la última sensación del cine
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7 Octubre 2021

Sangre, carne, sexo y 'Titane', la última sensación del cine

Tras ganar la Palma de Oro, Julia Ducournau se declara convencida de que lo monstruoso es bello y sueña con un mundo donde el género sea completamente irrelevante

Crítica 'Titane', ha nacido un fenómeno en Cannes... y da calambre Festival de Cannes 'Titane' hace estallar con justicia y mucho placer la Palma de Oro

Julia Ducournau (París, 1983) es a la Palma de Oro lo que tiempo atrás pudo ser Damien Hirst al Premio Turner de arte. El impacto que produjo entre los habituados o no tanto a la extravagancia genial 'Mother and Child, Divided' (literalmente una vaca y su ternero partidos por la mitad y sumergidos en una piscina de formaldehído) fue en 1995, grado arriba o abajo, similar al provocado por 'Titane' en la última edición del Festival de Cannes. 'Titane' es básicamente una película que explota. O da corriente. Para los más escépticos tiene todo el derecho a pasar por una colección de provocaciones tan felizmente desordenada que no queda otra, a pesar de todo, que rendirse. Para el resto, incluido el jurado presidido por Spike Lee, se trata simplemente de la sensación de año, de un genialidad carnal y muy sanguinolenta libre de etiquetas.

"Sinceramente, me relaciono mejor con el verbo provocar que con el sustantivo provocación. Es obligación del arte crear debate, obligar a pensar y a tomar partido. Soy consciente de que lo que hago provoca tantas adhesiones como rechazo, pero de eso se trata: de no dejar a nadie indiferente. Abomino la provocación, pero todo mi deseo es provocar", confiesa a modo de prólogo la directora que después de hacer que la Croisette saltara por los aires, se acercó a San Sebastián a seguir su periplo explosivo.

Julia DucournauLa directora y guionista Julia Ducournau.Jeff Spicer

¿Pero qué se ve en 'Titane' que no hayamos visto antes? Básicamente, se cuenta la historia de una mujer sin otra identidad que su voluntad de ser alguien que no es, de abandonar todo lo que fue y de dar a luz a un ser invulnerable. De acero incluso. En la primera escena, una niña tiene un accidente y es operada en la cabeza. Se le implanta una placa de titanio. Acto seguido, la actriz de gesto hipnótico Agathe Rousselle baila en un tugurio, mata, fornica con un camión (no es metáfora), se queda embarazada del vehículo (tampoco es metáfora), vuelve a asesinar, huye, se disfraza de hombre, se hace pasar por el hijo perdido hace décadas de un bombero (descomunal Vincent Lindon) y, por fin, descubre algo parecido a la paz. "La paradoja", explica con entusiasmo la directora, "es que cuanto más se aleja de su ser como ser humano más se acerca a una auténtica humanidad". Se toma un segundo y sigue: "¿Nuevo? Por supuesto que no. Ya lo hemos visto en 'Frankenstein' de Mary Shelley. Es la misma historia, pero completamente diferente".

Sea como sea, si de algo no se le puede acusar a Ducournau es de incoherente. Desde su primer cortometraje, su obsesión por el cuerpo, la carne, la transformación y la identidad (todo en uno) ha presidido cada uno de sus fotogramas. "Imagino que algo ha influido el que mis padres fueran los dos médicos", puntualiza divertida y casi como parte del 'show'. 'Junior', su primer trabajo, contaba cómo una niña mudaba la piel tras intoxicarse. Y lo contaba en crudo. Y 'Crudo', su película de 2016 con la que se colocó en el radar de todos los festivales, era directamente una apología de la carne, en efecto, cruda. La historia de una adolescente que descubría de golpe el secreto de la familia escondido en el gusto nada disimulado por la sangre se transformaba ante la sorpresa (y un poco el vómito) del espectador en una metáfora irrebatible de la pubertad. Entonces le gustaba decir: "En cada película que vemos, las mujeres tienen que ser guapas y estar en forma o lo que sea, y tienen que encajar en una casilla determinada. Y no: las mujeres se tiran pedos, cagan, hacen pipí, eructan. Es por eso que puedes identificarte con ellas, porque no son estas criaturas celestiales, sino personas reales con sentimientos reales". ¿Alguna duda?

Y entonces llegó 'Titane'. "Soy consciente de que la cuestión de la identidad se ha convertido en un asunto que atraviesa buena parte de los cambios necesarios para una sociedad justa. Decidir quién eres sin imposiciones es un argumento que atraviesa cualquier batalla por la emancipación y, claro está, la libertad. Aunque no me mueva una intención política... Sueño con una sociedad en la que el género sea completamente irrelevante... Y eso está en mi cine", comenta para alejar dudas sobre el motivo de la obstinación con la que sus personajes se mutilan, se golpean y, no lo duden, se hacen mucho daño. Y añade: "Vuelvo a Shelley. El cambio no te aleja de quién eres sino que te acerca a quien quieres ser, a tu verdadera humanidad". Queda claro.

Si se le pregunta por David Cronenberg, antes de que acabe la pregunta el entrevistador, ella suelta una carcajada. "Cronenberg, siempre él", dice. "Por supuesto que me ha influido. Recuerdo que descubrí su cine casi en secreto y fue una auténtica revelación. Me sentí muy cerca de él porque me sentía como él. Donde los demás ven algo horroroso, yo sólo veo belleza. Eso me ocurría viendo sus películas y quiero creer que en general. También me acuerdo de la primera vez que vi 'Crash' [la cinta de Cronenberg de 1996]. Me produjo un gran rechazo y poco a poco fui descubriéndola y transformándome un poco en ella. Me encantaría provocar (otra vez el verbo) lo mismo en mi audiencia", explica, vuelve a detenerse y concluye: "Pero sinceramente me siento igual o más cerca de Fellini, Pasolini o el fotógrafo Robert Mapplethorpe que de Cronenberg".

¿Y cómo se siente siendo la segunda mujer con Palma de Oro?

Mucho mejor que si fuera la primera. En mi caso no me siento una excepción. Y eso es importante. Imagino que si eres la única eres un poco como un monstruo y eso es precisamente lo inhumano. ¿No sé si me explico?

Perfectamente, como una vaca y su ternero partidos por la mitad.


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