Ser fumador en tiempos de Covid: más probabilidades de contagio y de acabar en la UCI
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31 Mayo 2021

Ser fumador en tiempos de Covid: más probabilidades de contagio y de acabar en la UCI

El tabaquismo, además de matar a ocho millones de personas cada año en el mundo y causar multitud de patologías, multiplica las probabilidades de contraer Covid y de experimentar la forma más grave de la enfermedad

ANDREA SANTAMARÍA Madrid Actualizado Lunes, 31 mayo 2021 - 10:40Enviar por emailComentarDirecto Última hora del coronavirus Tabaquismo Nueva Zelanda estudia prohibir el tabaco a los nacidos después de 2004

«El consumo de tabaco causa adicción y muerte», «el consumo de tabaco causa cáncer de riñón», «el consumo de tabaco causa aborto»... Estas son solo tres de las frases que, desde hace años, los consumidores de cigarrillos y tabaco calentado leen a diario en sus etiquetas. Sin embargo, según la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), todavía el 27% de la población española de entre 16 y 65 años sigue fumando, porcentaje que asciende al 30% en la franja de edad de entre 25 y 55 años.

Dejar la adicción conlleva compromiso y constancia, y la Organización Mundial de la Salud (OMS) ve en el coronavirus el estímulo perfecto para comenzar el proceso. Con motivo de la conmemoración este lunes del Día Mundial Sin Tabaco 2021, ha puesto en marcha la campaña 'Comprométete a dejarlo durante la COVID-19', recordando a los fumadores que, por el hecho de serlo, «corren mayor riesgo de presentar síntomas graves y fallecer a causa de la enfermedad».

Carlos Jiménez-Ruiz, presidente de la SEPAR, se une a este llamamiento y anima a todo aquel que desee dejar el tabaco (aproximadamente el 70% de la población fumadora), a acudir a un profesional sanitario, quien le brindará el tratamiento psicológico y farmacológico que necesita para multiplicar sus posibilidades de éxito. «Un fumador que se esfuerce seriamente en dejarlo, pero que utilice métodos que no han demostrado ser eficaces, como la acupuntura, tiene en torno a un 5% de probabilidades de convertirse en exfumador. Sin embargo, si ese mismo fumador sigue el tratamiento adecuado prescrito por un profesional sanitario, tendrá cinco veces más posibilidades», afirma.

Tampoco sirven para dejar de fumar los cigarrillos electrónicos o IQOS (aquellos dispositivos que calientan el tabaco en vez de quemarlo, y que producen vapor en vez de humo). Al contrario, Jiménez-Ruiz alerta de que, pese a la creencia popular, esta forma de fumar es tan nociva como el tabaco tradicional e igualmente adictiva. «Hay muy mala información. La mayoría de fumadores que usan estos dispositivos para dejar de fumar o para reducir los daños asociados al tabaco, acaban siendo fumadores duales; y de aquellos jóvenes que comienzan consumiendo IQOS, muchos los acaban utilizando como vía de entrada al consumo de cigarrillos convencionales», explica.

Pero, ¿qué convierte al tabaco en una sustancia tan adictiva y difícil de abandonar? Según el neumólogo, son principalmente cuatro tipos de sustancias, las mismas responsables de la mayoría de las patologías asociadas al hábito de fumar. En primer lugar, la nicotina, causante del poder adictivo de los cigarrillos; en segundo lugar, sustancias oxidantes como el óxido nítrico, el óxido de azufre o los óxidos de carbono; en tercero, las nitrosaminas y algunos hidrocarburos aromáticos policíclicos, relacionados con varios tipos de cáncer de dentro y fuera del aparato respiratorio; y, por último, el monóxido de carbono, causante de toda la patología cardiovascular que tienen los fumadores, que incluye infarto de miocardio, vasculopatía periférica o aneurisma de aorta.

Contaminación: un problema añadido

La adicción al tabaco es más fácil de prevenir, pues depende de la responsabilidad individual, y del apoyo y acompañamiento sanitario que se les ofrezca a los fumadores. Sin embargo, hay otro factor que influye negativamente en la salud respiratoria y que está más lejos de nuestro alcance: la contaminación. Isabel Urrutia Landa, coordinadora del año SEPAR por la Calidad del Aire, Cambio Climático y Salud, advierte de que la polución también es un factor de riesgo para que un paciente con neumonía por coronavirus empeore y acabe en Cuidados Intensivos (UCI) o, en el peor de los casos, falleciendo. Además, «la incidencia de Covid también aumenta en aquellos sujetos que han estado expuestos a contaminación a largo plazo».

Según Urrutia, la contaminación produce al año entre 10.000 y 30.000 muertes en España, y aproximadamente el 38% de la población nacional respira aire contaminado. Es más, citando una investigación de la European Public Health Alliance, afirma que a cada español este problema le cuesta 1.000 euros al año derivados de costes sanitarios.

Efectivamente, el aire está lleno de sustancias tóxicas y perjudiciales para el organismo, al igual que el tabaco. Las principales son el material particulado (PM10 y PM2,5); el dióxido de nitrógeno (NO2), procedente del tráfico rodado; el ozono, contaminante secundario que se produce en presencia de la luz solar; y el dióxido de carbono (CO2).

Pero, ¿puede evitarse la contaminación y los daños que causa a la salud? Urrutia apunta al cigarrillo como contaminante secundario, una razón más para dejar de fumar, sobre todo delante de otros. Más allá de eso, es difícil protegerse de la mala calidad del aire. Por un lado, habría que informarse de en qué horas del día hay más polución en determinada zona geográfica y evitar salir a la calle; por otro, usar mascarillas FFP2, que filtran la mayoría de los compuestos dañinos del aire, y dispositivos EPA, que purifican el aire de los hogares.

Estas medidas, que para muchas personas son una recomendación, para otras suponen una obligación. Es el caso de los pacientes respiratorios que padecen enfermedades como asma bronquial grave, fibrosis quística, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) o fibrosis pulmonar idiopática.

Pacientes respiratorios

Mariano Pastor es el presidente de la Federación Española de Asociaciones de Pacientes Alérgicos y con Enfermedades Respiratorias (FENAER), la cual, junto a la SEPAR, ha remitido un documento al Ministerio de Sanidad exigiendo que un número de pacientes con enfermedades respiratorias sea considerado grupo prioritario para recibir la vacuna del Covid, aún sin respuesta positiva.

Y es que la pandemia ha supuesto la llegada de un nuevo problema a la vida de los afectados por estas patologías, que ya limitaban su día a día por factores como el tabaco y la contaminación. «Al tratarse el Covid de un virus respiratorio, los pacientes moderados y graves hemos tenido que extremar nuestras precauciones, hasta llegar al confinamiento voluntario. Es evidente que para los pacientes con pulmones muy afectados, el coronavirus podría ser devastador, y muchos, de todas las edades, vivimos con miedo», explica Mariano.

Otro de los grandes escollos que tienen que enfrentar hoy en día estos pacientes es la suspensión y cancelación de citas médicas debido a la crisis sanitaria. Isabel Urrutia reconoce que el retraso diagnóstico en pruebas de patología pulmonar ha sido «llamativo» y que, además, muchas patologías como el asma grave o la EPOC necesitan de un «buen control clínico» para evitar exacerbaciones y, en consecuencia, para evitar un empeoramiento de la enfermedad. Y esto no ha sido posible, durante parte de la pandemia, en muchos centros sanitarios españoles. La neumóloga aclara que la especialidad ya está retomando «poco a poco» la normalidad, gracias a la evolución positiva de los datos de coronavirus.

En cualquier caso, tanto Jiménez-Ruiz como Urrutia Landa, recalcan que, para controlar una enfermedad como el asma o evitar su aparición, es esencial evitar el consumo de tabaco (también de forma pasiva) y protegerse, en la medida de lo posible, de la contaminación. El asma, que es una patología crónica, en muchos casos no impide al paciente llevar una vida normal, pero es fundamental mantenerla controlada. Para ello, puede ser necesario tomar fármacos biológicos de elevado coste económico, que se niegan a los afectados que fuman. Un motivo añadido para que los asmáticos eviten el tabaco, que, además de empeorar o causar su afección, y retrasar su diagnóstico, les dificulta el acceso a medicamentos claves para aliviar sus síntomas.


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