Sergio Ramírez: ''Ante la falta de escrúpulos uno no puede estar seguro de nada''
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15 Septiembre 2021

Sergio Ramírez: ''Ante la falta de escrúpulos uno no puede estar seguro de nada''

Con el temple que dan los 79 años, el Premio Cervantes se va haciendo a la idea de que no podrá volver a su país en bastante tiempo. ''Tienen recursos de represión suficientes'' para perpetuarse en el poder, lamenta en esta entrevista

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Un tsunami de amigos, colegas o simpatizantes de medio mundo abraza al escritor Sergio Ramírez. La decisión del Gobierno de Daniel Ortega de prohibir su nueva novela, Tongolele no sabía bailar (Alfaguara), en Nicaragua ha crujido el mundo de las letras. No gusta oír la verdad, leer negro sobre blanco sobre la represión que en 2018 acabó con más de 400 manifestantes, en su mayoría jóvenes. La Real Academia de la Lengua, 250 escritores y artistas dan calor a un hombre de 79 años que ahora está en España haciéndose a la idea de no poder volver a su país. Ayer, minutos después de conversar con Pedro Sánchez en la Moncloa, junto a Leonardo Padura, fue entrevistado por este periódico.

¿Cómo se ve la vida en esta nueva situación de perseguido?

Hay que hacer un esfuerzo mental de adaptación.Enfrentarse al exilio, a la edad que yo tengo [79 años] es duro porque la idea de no volver nunca a Nicaragua es bastante dramática. No soy de los optimistas que piensan que este régimen va a caer mañana mismo. Tienen recursos de represión suficientes para mantenerse dentro de una crisis, seguir reprimiendo. Es muy difícil saber cuándo será posible volver, sobre todo si tengo encima una acusación judicial. Hay mucha incertidumbre, hay que irse haciendo a la idea de que el regreso es difícil y hay que adaptarse a vivir fuera.

Dijo el lunes que baraja vivir en España o México. ¿Qué le ha dicho esta mañana Pedro Sánchez?

He recibido muchos respaldos, del presidente, del canciller. También del presidente de Costa Rica, de su canciller. Me sentiría bien en Costa Rica, en México o en España. Somos mis tres opciones más importantes. Cada lugar implica un modo de vida es distinto. Costa Rica está muy cerca de Nicaragua, hemos vivido allá 13 o 14 años. A España he venido 60 veces al menos, pero nunca he vivido. Aquí podría hacer mi vida sin ningún problema. Tengo muchos amigos. Con el presidente he hablado de muchas cosas. Ha sido muy agradable.

¿Esperaba este acoso?

Venía creciendo mucho desde que a finales de mayo me llamaron desde la Fiscalía a declarar por el caso de Cristina Chamorro [candidata presidencial]. Sentí que ahí se rompió la primera amarra. Sentía que me estaban advirtiendo que yo no era invulnerable. Entonces comencé a pensar de otra manera. La idea fue no volver por el momento. Estaba en Nueva Orleans por una revisión médica con mi cardiólogo, nada crítico. Con la edad todos los órganos comienzan a...

¿Teme por su vida?

Un régimen donde quienes dan las órdenes de represión no tiene escrúpulos y hacen las cosas cuando creen que son necesarias, sin ningún sentimentalismo, ése es el riesgo mayor. Dentro de Nicaragua no tendría ninguna seguridad, por supuesto, ya estaría en la cárcel. Pero aún que no me han puesto ninguna pena, ninguna actuación que implique cárcel ya no me dije que el riesgo de regresar hubiera sido una vida muy llena de zozobra y de peligro.

¿Teme por la vida de algún familiar, algún tipo de extorsión?

Nunca se sabe porque se han roto todas las amarras, todos los límites. Ante la falta de escrúpulos uno no puede estar seguro de nada.

Cómo era Ortega cuando le conoció y cómo es hoy.

La última vez que le vi fue en 1998, fue de una manera muy rápida. No sé cuál ha sido su proceso de cambio, todos tenemos cambios. Ortega ha sufrido muchos cambios buscando cómo defender el poder absoluto.

¿Cómo le ha influido su mujer, Rosario Murillo?

Él mismo dijo que le había cedido la mitad del poder, gobiernan juntos. Ella toma decisiones por sí misma pero, claro, todo el mundo sabe que él está detrás, respaldándola. No sé qué pasaría si él no la respaldara. Es una pareja muy bien avenida, muy bien acoplada en el trabajo. No sé cuál su relación personal. Se reparten los papeles

¿Qué les ha podido molestar de su novela, además de la recreación de la represión de las manifestaciones de 2018 [en las que murieron más de 400 personas, "en su mayoría jóvenes"]?

La concepción mágica del poder, el hecho de que el poder ocupa un símbolo esotérico, árboles de la vida, brujos, magos. 'Esoterizar' el poder, que es muy habitual en Nicaragua.

Dice un personaje de la novela: "¿Será, doña Sofía, que este país es como aquel burro, que sólo puede dar vueltas y vueltas, uncido a una piedra?".

Esta es hasta ahora, desgraciadamente, la historia de Nicaragua. La repetición, el ciclo vital de que las cosas siempre están volviendo a empezar. Sí, como el burro y la noria.

Su novela, pese a la prohibición, se está leyendo en Nicaragua.

Circula por la edición digital porque obviamente está prohibida la edición de papel. Se ha leído muchísimo.

Qué eco le llega a usted.

Es interesante que la está leyendo gente muy joven, y que se está interesando por las dos novelas anteriores del ciclo del inspector Morales [El cielo llora por mí (2008) y Ya nadie llora por mí (2017)].

¿Cree que el libro ayudará a cambiar algo?

Soy muy escéptico del poder que tengan los libros para cambiar una situación. Los libros sirven para fijar conciencias y para que la gente advierta cómo una novela es capaz de reproducir el presente, porque 2018 es el presente todavía. No como una denuncia ni como una reposición, ataque o condena. La novela no sirve para eso. Los hechos han de estar insertados en una trama que sea creíble para el lector.

Su novela puede que no cambie nada pero para Ortega y su Gobierno...

Tuvieron miedo al libro. Tener miedo a un libro es una muestra de debilidad muy grande para alguien que tiene todo el aparato represivo en su mano, la policía, el ejército, todos los canales de televisión, todas las radios más importantes manejados por los hijos de Ortega.

En el debate del lunes en Casa de América con Vargas Llosa se dijo que se empieza hablando de literatura latinoamericana y se acaba hablando de política. Y de poder.

El poder es fascinante, la política no lo es. Los entresijos del poder, los artilugios del poder. Al fin y al cabo el poder está relacionado con la política pero cuando uno lee Esquilo, Shakespeare se da cuenta de que el poder está examinado como pasión humana. Eso de que una mujer induce al marido al crimen para hacerse con el poder, como Macbeth, es muy parecido a lo que está pasando en Nicaragua. Los modelos de fabricación del poder absoluto se van repitiendo, eso es fascinante. El poder visto desde la anormalidad. La intriga, la pasión que despierta el poder, lo que es capaz de hacer un ser humano por apoderarse de algo.

La traición o la sospecha de la traición sobrevuela a varios personajes del libro: "Cuáles son mis enemigos y cuáles son mis amigos, ahora que todos los perros me orinan, quisiera saber".

El poder está muy ligado a la traición. Vamos a ver: para mí en la literatura los temas son el poder, el amor, la locura y la muerte. La traición es parte del entramado de la vida humana. El que quiere apoderarse de todo está dispuesto a la traición. O el que quiere el puesto de otro. Esta es una novela sobre la traición también, la sombra de la traición en el poder anormal, absoluto.

Alguien dice en la novela, no sé si con ironía: "Muchos de los que combatieron en la guerra contra Somoza y siguen vivos tienen una nostalgia pervertida por meter el dedo artrítico en el gatillo".

Todos estos viejos, panzones, enfermos que se visten con el uniforme, se ponen las medallas... están dispuestos a matar por Daniel Ortega porque consideran que él es el gran jefe de la revolución, representa la revolución por la que ellos pelearon. Esta es una convicción, no es un ardid. Creen ciegamente en eso. Puede haber mucho oportunismo pero hay mucha convicción de que la idea de la revolución sobrevive en Ortega y hay que defenderla porque si no viene la derecha, el imperialismo. Todo el discurso obsoleto pero que tiene validez. Es el discurso de Tocolele [el protagonista de la novela], a pesar de que va a ser traicionado. Y es el discurso de Leónidas [otro personaje]. Sin embargo el inspector Morales, que viene de esas mismas filas, tiene una actitud distante, crítica.

La iglesia aparece de modo destacado en la novela.

El papel de los curas es muy interesante en la historia contemporánea de Nicaragua. Fue el primer país donde se ensayó la Teología de la Liberación, fue como un laboratorio. Cuando el Congreso eucarístico de Medellín proclama la opción preferencial de los pobres como una tesis oficial de la iglesia bajo Pablo VI. La toma del poder con el derrocamiento de Somoza se hace con los cristianos militantes, los de la Teología de la Liberación, laicos y curas y monjas, que se arriesgan transportando armas, guerrilleros, vituallas de guerra. Los curas estaban metidos en la lucha, los jesuitas. La ayuda a los pobres se junta con la opción marxista por los pobres. Uno de los lemas era 'Entre cristianismo y revolución no hay contradicción'. Cuando triunfa la revolución, la Teología de la Liberación está de por medio de la conformación de la ideología de la revolución. El padre Fernando Cardenal (jesuita y hermano de Ernesto Cardenal, que fue ministro de Cultura) fue el jefe de la cruzada nacional de alfabetización. La revolución entregó a los curas lo que se podría llamar los ministerios ideológicos. Cuando se empieza a deteriorar la revolución y Ortega pacta con el cardenal Obando, corrompiendo a Obando, los jesuitas y los cristianos de base se pusieron en contra de Ortega. Y en 2018, a favor de los manifestantes.

Cómo le va a afectar en su escritura su situación actual

La nostalgia es un elemento muy importante de la escritura, el hecho de que uno no puede regresar... No sé qué tema voy a tocar.

Cómo sobrelleva estas horas.

Uno entra como en una cámara de vacío al principio y está contemplando la situación como si fuera ajena. Creo que es un mecanismo de defensa, si no uno se comería y se bebería la angustia todos los días. Uno va adaptándose a lo que es real, a lo que es inevitable. La filosofía es que yo no puedo corregir. Porque yo no voy a meterme en Nicaragua a desafiar a Ortega para que me meta preso. Eso lo hice cuando tenía 30 años con Somoza; yo regresé a Nicaragua y no me metió preso. Yo estaba condenado por incitación al terrorismo. Volver sería un suicidio. La realidad es muy dura para los presos, no les pasan medicinas, y yo tomo medicinas todos los días.


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