Siri Hustvedt: ''Me he tragado mucha condescendencia''
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8 Abril 2022

Siri Hustvedt: ''Me he tragado mucha condescendencia''

La familia, la maternidad, la misoginia y las diferencias entre sexos protagonizan la nueva recopilación de ensayos de la escritora norteamericana, 'Madres, padres y demás' (Seix Barral).

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"¿Qué estás haciendo en una escuela de posgrado? Te pareces a Grace Kelly". La frase que una profesora de Columbia le dijo a Siri Hustvedt en los 70, cuando era una estudiante de filosofía en busca de un mentor, se le quedó grabada como un "tatuaje cerebral". Es una de las anécdotas que Hustvedt (Minnesota, 1955) recoge en Madres, padres y demás. Apuntes sobre mi familia real y literaria (Seix Barral), una recopilación de ensayos donde explora desde el feminismo temas tan variados como la misoginia, la crisis del canon literario, las vidas de su abuela y su madre, la maternidad o la poderosa atracción que sigue irradiando la obra de Louise Bourgeois, Emily Brönte y Jane Austen.

Dice que la maternidad sigue anclada a "barbaridades sentimentales" y que le dan "náuseas" los padres y madres de hoy. ¿Tan mal estamos?

El mito del progreso debería terminarse de una vez. Esa idea del siglo XIX de que todo mejora es falsa. Vivimos un momento de retroceso ideológico. Tenemos a más mujeres que nunca en altos puestos de la sociedad y eso genera ira y rabia. Europa se está llenando de movimientos reaccionarios que quieren volver al pasado. Y eso siempre va de la mano de la posición que ocupa la mujer. Todavía tenemos que liberarnos de algunos constructos asociados a la maternidad que han hecho mucho daño a todos, al hombre, a la mujer y a todo lo que hay entre medio.

Como el sacrificio.

La idea de que la mujer se identifica primero como madre es algo que el padre no hace, aunque el padre de hoy esté muy involucrado con sus hijos. La paternidad también ha cambiado, pero las divisiones básicas siguen siguen ahí. Seguimos teniendo en mente la idea de la maternidad como sacrificio, en tanto que tarea doméstica. Hay que empezar a desmantelar todas esas casillas. Son fronteras que están tan dentro de nosotros que son inconscientes.

Usted cuenta un episodio que la marcó.

Sí, el de las escaleras mecánicas. Iba con mi hija Sophie en el cochecito y estuvo a punto de caerse porque no estaba atada. Por suerte agarré a la niña y no pasó nada, pero el hombre que tenía delante me miró con tanto desprecio... creó tal sensación de vergüenza que no pude hablar de ello hasta que escribí el ensayo. Entonces entendí que la respuesta de aquel hombre, de rabia moral, nunca se hubiera producido en contra de un hombre. Una vez entiendes eso ya estás liberada. Esa mirada de horror, de castigo, se infringe específicamente sobre la mujer a la que se considera inmediatamente mala madre. Eso está muy arraigado en la cultura. Por lo menos ahora se habla de ello.

Su madre le dijo a los 15: "No hagas nada que realmente no quieras hacer". Luego explica cómo lo que fue un consejo de cariz sexual ha acabado aplicándolo a casi todo en su vida.

El deseo de complacer es algo que las chicas de clase media tenemos especialmente interiorizado. Pero es un deseo falso que acaba haciéndonos daño a nosotras mismas. Porque si sigues así sin parar, adaptándote constantemente a lo que esperan de tí los demás, acaba por ser inhumano. La gente lo hace porque la vida parece más fácil así: si sonríes y asientes, la vida se suaviza. Mi madre entendió que si te acomodas en eso y vas demasiado lejos, acabas por no reconocerte en tus propios sentimientos. Complacer al otro sin fin siempre termina en resentimiento. Hay que saber qué quieres hacer y por qué.

Explica que durante muchos años le preguntaban si su marido, Paul Auster, había escrito sus novelas, ¿sigue pasándole?

Menos. Confieso que hasta hace poco para mi era difícil hablar de ello, por la hostilidad de las preguntas. Me ha pasado en todos los países, nadie se salva. He tenido que tragarme mucha condescendencia. Sucede casi siempre si el entrevistador es un hombre. Enseguida se dan cuenta de que no soy tonta y de que sé mucho, y como eso les enfada, entonces sacan a relucir el hecho de que mi marido es escritor, para golpearme. En cuanto lo entendí, ya fui capaz de hablar de ello. Y eso ha sido muy importante para mí porque me he dado cuenta de que sí es algo personal. Tratan de enfrentarnos de una manera en la que nosotros no nos enfrentamos en nuestra relación. Eso es la misoginia. Y, evidentemente, no tiene ninguna gracia.

¿Cómo se responde a algo así?

Te diré que se me va dando bastante bien contestar a ese tipo de comentarios. Ya no me corto un pelo. A veces también son mujeres las que me preguntan: ¿qué tal es ser madre, esposa y escritora? No lo hacen con mala intención pero, ¿eso se lo preguntarían a un hombre? Hay distintas maneras de gestionarlo. Siempre está bien no perder la calma, por lo menos para la mujer. Tendríamos que poder ladrar, pero eso es algo que las mujeres todavía no nos podemos permitir.

Tiene un ensayo dedicado a cómo la diferencia entre sexos sigue siendo fundamental a la hora de comprender cómo funciona el mundo.

Toda la cultura esta etiquetada en base a lo femenino y lo masculino. La ensalada es femenina, el bistec es masculino. La poesía está considerada como femenina, al menos en el mundo occidental, mientras que la física se asocia a lo masculino. Resulta ridículo porque la física no tiene nada de viril. Y la poesía es música lingüística. Lo femenino tiende a rebajarse un escalafón en la jerarquía social. Yo no lo veo así, para mi, Henry James es literatura femenina y Gertrude Stein masculina. Tenemos que ser muy conscientes de cómo codificamos automáticamente los aspectos de la cultura. La denigración de lo femenino y la elevación de lo masculino se remonta a la época de los griegos.

¿Y qué hacemos con Platón y Aristóteles?

Sus ideas no han muerto, están aquí. Platón Aristóteles viven con nosotros. Lo mejor es leerlos para saber qué es lo que da forma a nuestra mente. Mi fascinación por ellos no se ha agotado nunca. No creo que debamos borrarles de la historia, pero es importante leer con mirada crítica y entender que algunos de esos textos que nos parecen fundacionales son bastante problemáticos.

¿Está en crisis el canon?

El canon no ha parado de cambiar nunca, los griegos fueron los cimientos de la cultura occidental y su adoración continúa todavía. Pero en los 70 hubo un vuelco, al menos en el anglosajón. Las mujeres y las personas de color empezaron a estar más en el foco.

Se hizo feminista a los 14.

Fue el momento de la liberación de la mujer, o al menos luego se llamó así. Leí El segundo sexo de Simone de Beauvoir en una traducción bastante horrorosa. No sé exactamente que entendí, pero era una lectora ávida, me marcó y luego me leí otros libros más fáciles de Germaine Greer, uno tras otro. Una amiga mía y yo nos sentimos feministas a la vez. Creo que éramos las dos únicas declaradas en Minnesota. Por eso celebro esta nueva ola.

¿Qué le parece?

Lo que veo alrededor del mundo me anima porque no se limita sólo al mundo occidental. El feminismo ahora está en un buen lugar, hay bastantes tipos distintos, yo los aplaudo todos, en eso soy pluralista. Hemos de recordar que el feminismo también incluye a los hombres y a todas las personas, también las de género fluido. Todos tienen que formar parte del del paraguas feminista. Para algunos es espantoso, especialmente para los que piensan que la jerarquía es que viene dado por la naturaleza y no por nuestra sociedad. Porque hay gente que cree que el hombre es mejor que la mujer. ¡Y que se lo cree de verdad!

¿No siente a veces que es un monólogo que sólo escucha una parte?

En términos de jerarquías de poder, la necesidad de examinar lo que está pasando siempre va a ser más urgente para la persona que está abajo en el escalafón. Hay estudios que apuntan que la mujer es superior al hombre en la percepción: a la hora de leer o interpretar lo que está pasando. A los que están por arriba no les interesa tanto examinar qué sucede a su alrededor. De hecho, se pueden permitir el lujo de la indiferencia. Claro que a ciertos hombres no les interesa lo más mínimo la revisión de conciencia, un autoexamen. No lo van a hacer, y por eso tiene que venir desde fuera.


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