Skullcandy x Pit Viper: larga vida a los noventa
12:00
30 Mayo 2022

Skullcandy x Pit Viper: larga vida a los noventa

Esta versión de los auriculares Grind cambia su diseño sobrio por una oda a una década de estridencias y estampados imposibles

Skullcandy ha actualizado su gama de auriculares con la versión Pit Viper, que bebe de los diseños noventeros, con sus neones, sus morados y sus motivos de confetis. En el caso del modelo Grind, añaden un espectacular diseño noventero a un modelo ya de por sí resultón y con gran autonomía. Eso sí, no cambian por dentro, así que, aunque cumplen de sobra, siguen sin brillar en el apartado del sonido.

La idea, desde el punto de vista estético, es buena: ofrecer lo mismo, que no está nada mal, en un cuerpo mucho más atractivo y, aunque no lo parezca, actual. Si Moulin Rouge puede reinventar La traviata con fuegos artificiales, West Side Story cuenta la historia de Romeo y Julieta y El rey león reescribe Hamlet, ¿por qué no hacer lo mismo con unos auriculares?

El punto de partida de este rediseño son los modelos Push Active, Dime o, en este caso, Grind de Skullcandy. Es decir, auriculares inalámbricos con estuche de carga y el estilo habitual de la marca, pero elevando el dial excéntrico -y hortera, en el mejor sentido de la palabra- hasta el 11.

Así, los Grind X Viper se sitúan en la gama media de los inalámbricos sin cancelación de sonido activa, con un precio y características por debajo de los 100 euros. Su sonido es nítido y sin demasiadas estridencias al subir el volumen, aunque se queda lejos de lo que cabe esperar de gamas más altas.

Se defiende peor con los graves -pueden llegar a retumbar- que con agudos y voces, por lo que destacan más en llamadas o podcasts, aunque para los menos melómanos la diferencia de calidad respecto a otros que puedan presumir de tener más no será tan notable.

Su tamaño es ajustado -especialmente si se tiene en cuenta su autonomía- y resultan cómodos en la oreja, incluso tras un uso prolongado. Además, consiguen aislar de una forma sorprendente del ruido exterior y en ningún momento da la sensación de que vayan a lanzarse al vacío.

La batería es también sorprendente (y el mayor punto a favor de sus primos sin apellido Viper), con pila más que capaz de superar las ocho horas de reproducción (Skullcandy habla de nueve que tampoco parecen inalcanzables si las condiciones son propicias). Las 31 adicionales que proporciona la caja de carga dan un total de 40 que, incluso restando tres o cuatro -por desconfianza, no porque la experiencia así lo exija- están por encima de la media.

El principal argumento de Skullcandy x Pit Viper, de todos modos, es su imagen retro. Porque, efectivamente, hablamos de diseños de hace unos 30 años: por doloroso que resulte, son tan retro como lo era entonces cualquier cosa que imitase la imagen de los 60. En cualquier caso, ya sea por nostalgia o por puntería, es un acierto y consigue un resultado que ya querrían para sí las fotos de aquella época. Tiene personalidad y color sin caer en la estridencia. Tal vez no sea para todos, pero aquellos para quien sea sentirán el flechazo.

La apuesta por la 'noventización' del producto se aprecia desde la caja de cartón que alberga el conjunto. Incluso aunque no apareciese una foto del dispositivo, se podría adivinar de qué va a ir a película con un simple vistazo. El guiño a los videojuegos de una época que para muchos aún suena a soplar un cartucho de Super Nintendo para arreglarlo es tan evidente como agradecido.

Los dos auriculares tienen un botón físico -son de agradecer la precisión y respuesta adicional que esto supone- absolutamente configurable desde una aplicación sencilla de configurar y utilizar. Incluyen, como suele ser normal, una opción para activar determinadas funciones, como Spotify, mediante comandos de voz que es más futurista y resultona que necesaria. Quien quiera, que lo haga; quien sea más práctico, sólo tiene que ignorarlo. Desde la misma app también se pueden tocar los ajustes de ecualización, que ayudará a quienes no terminen de encontrarse satisfechos con la reproducción por defecto.

Por su parte, el estuche sigue las líneas de los auriculares e incluso va un pequeño paso más allá con transparencias, tipografía digna de grupo de rock glam y tonos metálicos que consiguen entrar en el conjunto sin sofocar. Su tacto, ligeramente rugoso, es agradable y su peso es perfecto para un tamaño algo superior a lo común. Se cargan mediante USB-C (cable incluido) y tienen cuatro pequeñas luces para indicar cómo va el depósito.

Con todo, los Skullcandy x Pit Viper consiguen el que parece ser su objetivo: ser inolvidables. No son los mejores auriculares, pero sí son los mejores en lo que hacen, que es, simplemente, divertirse. Se vincularán con un teléfono y reproducirán a Run The Jewels en Spotify, pero piden a gritos darle la vuelta al casete de Nevermind en el Walkman.


Etiquetas:  #Skullcandy #x #Pit #Viper #larga #vida #a #los #noventa

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