Suecia, la fábrica más productiva de éxitos en Eurovisión
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12 Mayo 2022

Suecia, la fábrica más productiva de éxitos en Eurovisión

El país nórdico se ha ganado a pulso un protagonismo especial en el concurso y es rara la edición en la que su candidatura no parte como una de las claras favoritas a llevarse el micrófono de cristal

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Cada año participan en el Festival de Eurovisión Suecia y otra cuarentena de naciones. El país nórdico se ha ganado a pulso un protagonismo especial en el concurso y es rara la edición en la que su candidatura no parte como una de las claras favoritas a llevarse el micrófono de cristal.

No es una excepción este 2022. Cornelia Jakobs (30 años) no se ha apeado del ranking de los cinco aspirantes con más posibilidades de ganar este sábado desde que fue escogida a principios de marzo para representar a Suecia. Su canción, Hold Me Closer, es uno de los temazos de este año, una balada pop orquestal tan barroca como moderna, que tiene uno de esos desarrollos apoteósicos que permiten lucirse a un cantante con un derroche de voz como el de Jakobs.

Estamos ante una artista que lleva más de una década sobre los escenarios. Debutó como miembro del grupo femenino Love Generation y, el año pasado, decidió dar el salto en solitario. Tiene una voz rasposa e hipnótica que en muchos de los giros recuerda inevitablemente a una de las grandes del pop-rock británico, Bonnie Tyler, quien también participó en Eurovisión representando al Reino Unido en 2013 con un Believe in Me que cosechó menos votos de los merecidos.

Sobre Cornelia Jakobs pesa la responsabilidad no pequeña de lograr que Suecia vuelva a lograr un puestazo en la gran final eurovisiva. Pocos países pueden presumir de un palmarés tan envidiable. Tras el eurodrama de 2010, cuando Anna Bergendahl fue apeada del certamen en semifinales, los suecos han ganado dos veces -en 2012, con Loreen y su Euphoria, la mejor canción de la historia eurovisiva reciente para muchos fans; y en 2015 con el carismático Måns Zelmerlöw y su inolvidable Heroes-. Pero además, casi todo han sido quintos puestos, algún tercero, algún séptimo... Así no extraña que el hecho de que Tusse quedara en 14 lugar el año pasado se acogiera como una gran derrota nacional.

El increíble rendimiento de los candidatos suecos no es ninguna casualidad. La explicación está en el fantástico proceso de selección a través del que la televisión pública sueca escoge a su representante cada año. Hablamos del Melodifestivalen, un concurso casi casi tan famoso y querido por toda la comunidad eurofan como el mismo Festival de Eurovisión. Es uno de los certámenes más veteranos del continente, junto al italiano San Remo. Pero mientras este último mantiene un sabor añejo y tradicional, y supone cada año un ejercicio de autocomplacencia del pueblo italiano tan orgulloso de su cultura, el Melodifestivalen abandera la modernidad.

Se emite desde 1958. Pero su gran auge, sobre todo internacional, se ha producido en este milenio, desde que se celebran varias semifinales a lo largo de un mes y medio que se organizan a lo grande en diferentes ciudades de Suecia. Es el programa más seguido por los telespectadores de este país, que llega a acumular hasta cuatro millones de seguidores -la población total apenas alcanza los 10 millones-.

En cuanto concluye Eurovisión, la televisión pública sueca abre el plazo de recepción de candidaturas. De entre cientos de solicitantes, se escoge a una treintena de concursantes en un proceso supervisado por la Asociación de Editores de Música de Suecia. Todo garantiza una altísima calidad. Y muchas de las canciones del Melodifestivalen se convierten cada año en los mayores éxitos de la música escandinava. De algún modo, es en este concurso nacional en el que se ha inspirado precisamente TVE para poner en marcha este año el Benidorm Fest, del que salió nuestra representante, Chanel.

El Melodifestivalen también catapultó al grupo que preside el panteón al que todo buen eurofan está obligado a rendir culto a lo largo de su vida. Hablamos, cómo no, de ABBA. Agnetha Fältskog, Björn Ulvaeus, Benny Andersson y Anni-Frid Frida Lyngstad, el grupo sueco más famoso de todos los tiempos, ganó este concurso en 1974, lo que le valió semanas más tarde representar a su país en el Eurofestival con Waterloo. Su victoria marcó un antes y un después en el concurso de la canción europea.

En 2020, la BBC organizó una gala especial en la que pidió a sus espectadores que eligieran la mejor canción de la historia eurovisiva. La mayoría se decantó por Waterloo. El single ha vendido tantos millones de copias y se ha radiado y se sigue emitiendo tantas veces al día en las emisoras de todo el globo que sólo con los royalties podrían vivir muy cómodamente sus compositores.

Veremos si Cornelia Jakobs es digna sucesora de ABBA. Por lo pronto, al escenario de Turín llega con una actuación prácticamente calcada de la que la hizo ganadora en el Melodifestivalen. Y es que, cuando algo es tan bueno, no hace falta manosearlo mucho.


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