Ter Stegen mete al Barcelona en la final de la Supercopa tras los penaltis
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14 Enero 2021

Ter Stegen mete al Barcelona en la final de la Supercopa tras los penaltis

El portero fue el mejor de su equipo frente a la Real Sociedad y detuvo dos lanzamientos en la tanda final.

Narración. Así vivimos el partido El cortador de césped. El califa Ter Stegen Gallina en piel. Koeman consigue los avales

Ter Stegen fue un arcángel para el Barcelona en Córdoba. Sostuvo a los suyos hasta el último suspiro de la prórroga, detuvo los lanzamientos de Bautista y Oyarzabal en la tanda final, asustó a Willian José, y abrió el camino a que Riqui Puig, tanto tiempo despreciado, tuviera su día de gloria. Los de Koeman jugarán la final de la Supercopa. Pero nada debería esconder el extraordinario partido de la Real Sociedad.

El gran vuelo de Frenkie de Jong había mezclado antes con un codazo inocente a la pelota donde no debía. No hay éxito sin lágrima, bendito fútbol. Avanzó el holandés al Barcelona, pero permitió también el empate de penalti de Oyarzabal en una Real Sociedad estética como siempre, y furiosa como nunca. Nunca se rendiría.

Pero comencemos por el principio. Por ese testarazo que hizo pensar a los azulgrana que la Real Sociedad sería el equipo naif de siempre. Atrás debían quedar las dudas de De Jong, las propias de un niño al que le reclamaron ser de repente una estrella planetaria de un equipo en caída libre; la responsabilidad de ser merecedor de un precio pre-pandemia; la obligación de vivir con el recuerdo de aquel Ajax de Ten Hag, sin que nadie tuviera en cuenta ni contexto ni presión. De Jong dio un brinco a la orilla del Guadalquivir, quedó suspendido en el aire y, en una torsión inverosímil y hacia atrás, cazó con la cabeza un remate a gol de esos que no se olvidan. Ya no tanto por la trascendencia, sino por la evidencia.

Vuelo a De Jong

Si algo obsesionaba a Ronald Koeman era alejar a De Jong de zonas intrascendentes. Para ello le dio vuelo. Fichado en su día para ser alfa, se ha convertido el centrocampista en omega. Ya ha marcado tres goles esta temporada, uno más que en toda la campaña pasada. Esta vez, después de que el Barcelona aprovechara un robo, precisamente, del neerlandés y de que éste zanjara un buen centro de Griezmann desde la izquierda.

El tanto inaugural hizo creer a los de Koeman que el acoso inicial de los futbolistas de Imanol Alguacil sería episódico. Porque los donostiarras, gracias a una insistente presión avanzada, pusieron desde el comienzo en un aprieto al equipo de Koeman, pendiente de que fuera Ter Stegen quien buscara las salidas al laberinto. Incapaz de sortear líneas en el ataque estático, pero de lo más eficiente atrás bajo el liderazgo de Araujo.

Portu y sobre todo Isak dispusieron de claras opciones en el primer tramo. Especialmente peligroso fue el duelo al sol del delantero sueco frente al sereno Ter Stegen. La acción nació en una pérdida de Busquets ante un Oyarzabal al que cuesta adivinar carencias.

GRAF524. CÓRDOBA.- El delantero de la Real Sociedad Mikel Oyarzabal tras marcar su gol, primero del equipo ante el FC lt;HIT gt;Barcelona lt;/HIT gt;, durante la primera semifinal de la Supercopa de España que se disputa hoy miércoles en el Nuevo Arcángel, en Córdoba. RFEF ***SOLO USO EDITORIAL/SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRA LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA***Oyarzabal marcó el gol del empate de la Real de penalti.

El buen ritmo de ese partido que el inconstante Dembélé trataba de acelerar contrastaba con ese incómodo silencio sólo roto por los gritos cada vez más agónicos de los futbolistas, a quienes sus entrenadores aguantaron sin cambios hasta el minuto 79. Por mucho que uno intente acostumbrarse, pocas cosas hay más tristes en el deporte que una grada vacía. Más aun cuando lo que reposa sobre los asientos de los aficionados son lonas promocionando la monarquía absolutista de Arabia Saudí.

El Barcelona, que recurrió esta vez al defensivo Mingueza por el anárquico Dest, vivió con inquietud la ausencia de Messi, cuyo estado físico el Barcelona se ha malacostumbrado a ocultar. El fútbol de hoy en día se mueve dentro de este tipo de códigos. Prima el ocultismo, por lo que no hubo manera de saber el alcance real de esas molestias musculares que arrastraba el argentino. No hubo manera de suplirlo. Griezmann, pese a sus esfuerzos, acabó fundido y fallando en la tanda. Una tortura habitual para él.

Koeman e Imanol intervinieron en el tiempo extra. Riqui Puig y Pjanic por un lado, Willian José, Januzaj y Zaldua por el otro. Más atrevimiento que miedo. Zaldua, lateral derecho, fue quien obligó a otra heroicidad a Ter Stegen. También insinuó la gloria Dembélé, pero tan cansado estaba que su disparo murió en su mismo recorte. Quien no iba a cansarse era Araujo, sublime en la corrección cuando a Oyarzabal se le desplegaba la alfombra roja. No había tregua. Januzaj fue un tormento para los azulgrana en el crepúsculo. Incluso estrelló una falta en el palo en el 118. Los dedos de Ter Stegen fueron la última frontera.


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