Tintín, de la China a las nubes: un dibujo por 3 millones de euros
17:15
13 Enero 2021

Tintín, de la China a las nubes: un dibujo por 3 millones de euros

Este jueves se subasta una portada inédita de 'El loto azul', que había permanecido oculta 84 años. El dibujo de Hergé podría alcanzar los tres millones de euros, cifra récord en el mundo del cómic

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Escondido dentro de un gran jarrón de porcelana Ming, el héroe asoma la cabeza y se agarra, crispado, al borde de la vasija. Su perrito, detrás del hombro de su amo, se dispone a lanzar un gruñido. Miran con inquietud hacia algo que no sale en la imagen, mientras a su lado, dibujado en un tapiz, destaca un dragón rampante rodeado por ondas doradas. Una misteriosa inscripción y una inconfundible lámpara china completan la estampa.

El más bello de los dibujos salidos de los pinceles de Georges Remi, Hergé, para ilustrar una de las aventuras de Tintín, sale a subasta mañana, 14 de enero, en París. Pocos dudan de que la fecha pasará a la historia del cómic. Artcurial, casa de subastas especializada en el mundo de las ilustraciones, saca al atril esta obra cuya puja se estima que puede alcanzar tres millones de euros, récord absoluto en el llamado noveno arte.

En la actualidad este récord pertenece a Tintín, que parece no perder músculo por muchos años que cumpla. Lo logró el dibujo original de las guardas de sus álbumes, que resume el conjunto de las aventuras del personaje. Se subastó en 2014 por 2.65 millones de euros. El anterior récord también lo marcó el aventurero de papel, cuando en 2012 la portada original del álbum Tintín en América, fue vendida por 1.3 millones de euros.

Calificada como rarísima, la portada de El Loto azul que mañana se subasta ha permanecido escondida 84 años y muy pocos, incluidos los mayores expertos en el personaje, conocían su existencia. Su historia es fascinante. Realizada en 1936 como primera portada para este álbum, se trata de un dibujo en tinta china, acuarela y guache a todo color que Hergé pintó sobre papel, con un tamaño de 35 x 35 cms. Cuando la presentó a su editor, Louis Casterman, este la rechazó pues los procesos de impresión cuatricolor eran entonces demasiado caros. Remi tuvo que dibujar la portada definitiva que hoy todos conocemos.

El dibujo original se lo regaló al hijo del editor, Jean-Paul Castermann, que entonces tenía siete años, quien plegó la ilustración y la guardó en un cajón, olvidándola. Ahora ha salido a la luz, desbordando los márgenes del papel para ser considerada una creación del arte con mayúsculas. "Se trata de una obra maestra que podía estar incluida en

cualquier colección de referencia; podía colgar lo mismo en las paredes de la Ciudad Prohibida de Pekín que en las de cualquier loft neoyorkino", opina Éric Leroy, experto en cómic de Artcurial.

Aparecido previamente por entregas en Le Petit Vingtième, este álbum es el quinto del periodista de papel, después de sus aventuras por Rusia, el Congo belga, América y Egipto. Enviado a China, en sus páginas Tintín se enfrenta a una red de traficantes de opio. Aparte de Milú, le acompaña otro personaje singular: el joven chino Tchang, a quien Tintín salva de perecer ahogado en una crecida del río Yang Tsé. Se trata de un homenaje que Hergé brinda a Tchang Tchong-jen, con quien intimó durante los trabajos de documentación para la creación de este álbum.

Es conocida la minuciosidad con la que Hergé afrontaba sus dibujos, algo que en este álbum fue especialmente notorio. El Tchang real era un estudiante de Shangai becado en Bruselas, que fue presentado a Remi y con quien trabó amistad. Durante más de ocho meses, el joven oriental introdujo en el artista importantes preceptos sobre la cultura y el arte asiáticos.

Varias décadas después, en una entrevista publicada en el diario francés Le Figaro a finales de los 90, Tchang afirmaría: "Le regalé a Hergé cinco libros chinos para que aprendiera a dibujar con un pincel y tinta a la manera china. Yo le enseñé la técnica del pincel suspendido". Fue mucho más allá y, de su mano, el belga descubrió el pensamiento y la espiritualidad del país asiático.

El Loto azul supone un cambio en la producción de Hergé. Con este álbum, el belga entra en su madurez creativa. Atrás quedan las visiones sesgadas de los primeros álbumes, algunas de las cuales incluso llegarían a los tribunales, como Tintín en el Congo, acusado de ser una obra marcadamente racista. El proyecto de portada que mañana sale a la venta es la mejor tarjeta de presentación del periodo.

Sin nada que ver con las portadas de los anteriores álbumes, el dibujo es una auténtica pintura china. Tanto en la realización, como en la composición de la imagen y el significado que emana. Tal vez menos depurada que la versión definitiva, es sin embargo mucho más rica en su creatividad. En ella, Hergé muestra la influencia de los artistas orientales que conoció gracias a las enseñanzas de su amigo Tchang. Tintín tiene una expresividad más lograda, con la frescura de los trazos de su rostro, las manos crispadas, mientras Milú muestra una cara de pocos amigos.

La portada definitiva, con la que se sigue publicando el álbum en la actualidad, es muy diferente. Bastante más simple, las ondas doradas de la pared han desaparecido y su inquietante color negro torna a rojo violento. Tintín y Milú cambian la expresión y muestran una sorpresa menos temerosa. La inscripción en caracteres orientales del original desaparece.

Su significado todavía conserva un halo de misterio. Se trata de tres ideogramas cuyo significado no está aclarado de manera concluyente. No hay duda de que Hergé los copió, pues aunque tomó contacto con la escritura china, no aprendió a escribirla. Ocurre que parecen mal dibujados. Desde Artcurial señalan que uno de ellos no es chino, sino japonés y entre los significados que pudieran tener se barajan los términos pescado y puntiagudo. La experta en cultura oriental Aitana Merino, consultada por este periódico, señala que los ideogramas se parecen a algunos kanjis de la escritura china antigua, pero están mal dibujados. Al primero que, efectivamente, puede ser pez, le falta un trazo, el resto no existe en las escrituras japonesa, china, ni coreana, aunque el segundo se asemeja a la deformación del nombre de un antiguo reino, forma empleada en ocasiones para transcribir nombres.

El misterio continúa aparejado a la obra más hermosa de un personaje que a pesar de ser ficción, mañana volverá a subirse a las nubes de la realidad a bordo de varios millones de euros.


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