Tomás Gómez: ''Hay que votar contra Sánchez cuando haya primarias... es un populista hueco''
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14 Noviembre 2022

Tomás Gómez: ''Hay que votar contra Sánchez cuando haya primarias... es un populista hueco''

''Sánchez es el cerrajero mayor, pero el PSOE está lleno de cerrajeros. No hay oposición'' / ''Me han recortado de las fotos oficiales, ¡igual que Stalin!'' / ''Sánchez es capaz de desestructurar el Estado con tal de mantenerse en el poder. Eso es la reforma de la sedición'' / ''Ayuso es como Esperanza Aguirre, pero tiene todavía más carisma''.

Vamos a mirar por el ojo de la cerradura. Porque aquí empieza todo. Si Jorge Javier Vázquez llegó a sonar como candidato del PSOE a la alcaldía de Madrid fue porque al hombre que está aquí sentado lo echaron de su despacho.

Un día quiso ir y ya no pudo. La llave no entraba. Se llama Tomás Gómez. Nació en Holanda hace 54 años. El día de su destitución [obra magna de Sánchez] la maldición que parecía pesar sobre la federación socialista madrileña se hizo carne. Desde entonces, las siglas rojas languidecen en la Corte.

Tomás tenía pedigrí para ser líder socialista. Sus padres lo tuvieron en Enschede porque habían emigrado allí en busca de trabajo. Eran obreros que no habían pasado por la escuela. Como el niño resultó asmático, tuvieron que llevarlo a Madrid, donde se crio con sus abuelos en uno de los barrios más humildes: San Cristóbal de los Ángeles. 

Estudió Económicas, militó en Juventudes Socialistas, quiso liderar a los suyos en Parla, lo hizo, se presentó a las elecciones, ganó, gobernó. Llegó a ser el alcalde más votado de España en ciudades con más de 50.000 habitantes.

Con ese bagaje se presentó a las primarias para dirigir al PSOE en Madrid. Enfrente, una ministra, Trinidad Jiménez, y todo el aparato. Ganó Gómez contra pronóstico. Y se armó la marimorena.

Los suyos –El País y el aparato del PSOE– sembraron la duda. Lo dibujaron como un hombre corrupto que se había enriquecido con el sobrecoste del tranvía de Parla. Él lo negaba y llegó a creer que Sánchez, ya convertido en secretario general, lo respaldaba. De hecho, lo hizo en público y en privado. En sus discursos y con algún mensaje telefónico. De pronto, un día, sin comunicárselo directamente, Sánchez lo filtró a la prensa. “Tomás Gómez, destituido”.

El hombre aquí sentado no daba crédito. Le contaron que fue Simancas, por orden de Sánchez, quien ejecutó la maniobra. Pero el thriller sólo acababa de empezar. Ferraz había desalojado la sede del PSOE-M en la plaza de Callao. Y al despacho de Gómez le habían cambiado la cerradura. Quedó dentro su colección de Vespas en miniatura.

Apartado de la política desde 2015, apenas ha hablado desde entonces. Se dedica a la docencia. Hoy acepta, ante una taza de té, contar lo que pasó. O mejor dicho: contar lo que él vivió. Se ríe de cosas tenebrosas, señal de que ha pasado página.

Conoce a Sánchez desde hace veinte años y al PSOE madrileño desde hace más de treinta. Su diagnóstico es durísimo, pero es el diagnóstico de un militante. Porque Gómez dice que siempre será del PSOE, igual que del Real Madrid y Siniestro Total. “Mi partido en Madrid ya no existe”.

Tenemos las llaves de una de las historias más truculentas de la política reciente. Vamos a ver si ahora se abre la puerta.

Esta es la historia de una cerradura.

Bueno, es la historia de un ejército de cerrajeros.

Hubo más de uno, entonces.

Claro. Una sola persona no te derriba. Detrás del cerrajero mayor había un ejército de cerrajeros. Oiga, yo no estoy en contra de los cerrajeros, ¿eh? Sólo de algunos. 

Más que un ejército de cerrajeros, podríamos utilizar el título de aquella película: “Todos los hombres del presidente”.

Sí, pero Sánchez todavía no era presidente. De hecho, yo pensaba entonces que no tenía ninguna posibilidad de serlo.

Después de esta entrevista, usted tiene que dar clase. ¿Cómo le contaría a un alumno lo que pasó?

¡Uf! Es muy largo. Sería, como poco, una asignatura de seis créditos. Los alumnos me preguntan mucho. Un profesor entra en clase y sus alumnos lo buscan en Google. Al principio no se atreven, están callados. Pero cuando se va acercando el final del curso, siempre hay alguno que te pregunta. Además, doy una asignatura en el grado de Periodismo, imagínese.

¿Y qué les cuenta?

Que la política es el mercado más duro que hay. No se trata de vencer al adversario, sino de demolerlo. Se da una gran diferencia con la vida en general: si tienes un problema en tu empresa, se enteran tu familia y tus amigos. Si lo tienes en la política, se enteran cuarenta millones de personas. Un disparate.

Pero vamos al fondo del asunto.

Sí. Yo creo que fui tratado muy injustamente. No digo que fuese el mejor candidato ni que hiciera todas las cosas bien. Si no, cuando me presenté, me hubiese ido mucho mejor. Pero me mataron civilmente.

Tomás Gómez nació en los Países Bajos, adonde sus padres se trasladaron para trabajar.

Tomás Gómez nació en los Países Bajos, adonde sus padres se trasladaron para trabajar. Javier Carbajal

Eso fue lo llamativo de aquel proceso: una historia totalmente rocambolesca. El líder del PSOE-M descabalgado por la dirección nacional y privado de su despacho rápidamente con un cambio de cerradura.

Yo era un tipo difícil de matar. Con Zapatero, en 2010, probablemente hubiera podido entrar en el Consejo de Ministros. Pero no lo hice, y quizá ese fue mi error. Me sentía comprometido con mi equipo, con mi gente. Había dejado mi ciudad, Parla, a la que quiero mucho. Pero me iba a la gestión madrileña. Y me presenté a las primarias.

Es que el principio también fue rocambolesco ahora que lo dice.

Sí, porque ocurrió lo que nadie pensaba que podía ocurrir. Gané a la ministra [Trinidad Jiménez, que tenía el apoyo del aparato] y ya desde entonces me llovieron leches por todos los lados. Decían que era un paleto, un gestor inútil, un imbécil… Y como no había forma, cruzaron una línea: “Eres corrupto”. Si te lo dice el adversario, es normal. Si te lo dicen los tuyos, es una auténtica losa.

"Sánchez es muy frío, como un jarrón. Nunca sabes qué piensa ni qué siente"

La historia se repitió hace poco: el jefe de un partido sembrando dudas sobre la honorabilidad de uno de sus líderes regionales. Usted perdió y Ayuso ganó. Estoy seguro de que este paralelismo se le ha pasado por la cabeza en algún momento.

Sí, sí. Así fue. Tenga en cuenta una cosa: cuando se cargan a alguien, lo hacen con la presunción de corrupción. Le pongo otro ejemplo: Ábalos. Yo no siento ninguna afinidad hacia él. Nunca hemos coincidido. Pero, cuando se le apartó, se deslizaron cosas desde dentro. Ya ha pasado mucho tiempo desde que salió. ¿Qué se ha probado? Nada. Se juega con la sombra y la duda. Para acabar conmigo, sacaron un tanque y un bazuca.

Matar moscas a cañonazos, que se dice. 

Tuve a la dirección de mi partido en contra, a un grupo mediático en contra [habla de Prisa]. Eso te puede provocar la muerte civil. Oye, al día siguiente vas a dar clase. Los padres pueden pensar: “No quiero que este chorizo enseñe a mis hijos”. O el peluquero: “¿Qué hace este sinvergüenza aquí?”. Luego el tiempo pone las cosas en su sitio, pero en su momento te genera mucho dolor.

Le acusaron de haberse corrompido con el sobrecoste del tranvía de Parla. Después, cuando usted ya estaba fuera de la política, el caso se archivó. No hubo siquiera imputación. ¿Existe alguna manera de reparar ese daño?

Sí, votar contra Pedro Sánchez cuando haya primarias en el PSOE. ¡No hay otra! Además, son daños que no se pueden compensar. Existe el perdón, pero ni eso.

Nadie del equipo de Sánchez habló con usted después de todo.

Nadie, cero. Le voy a contar algo gracioso: ¡me recortaron de las fotos oficiales! Eso es estalinismo. Stalin practicaba esos tijeretazos. Ya no es lo de “quien se mueve no sale en la foto”, sino el puro recorte.

Debemos distinguir, en su caso, entre la discrepancia personal y la discrepancia política.

Sí, porque yo tengo mi historia personal, pero también mis discrepancias con el rumbo político que ha tomado el partido. Al final, lo personal ya está superado. Lo he olvidado, me importa un pepino lo que pasó. Lo cuento porque usted ha venido a preguntarme por eso, pero yo estoy muy contento con mi trabajo.

¿Cuál es la discrepancia política?

Los pactos con los independentistas me parecen una locura. ¿Pactar con Bildu? Estoy de acuerdo con que Bildu se incorpore a la vida democrática, pero no deberían convertirse en la bisagra del Estado de derecho. El poder no lo vale todo. Y Sánchez cree que el poder lo vale todo.

¿Qué ha pensado al conocer la reforma de la sedición?

Es un desastre. La pregunta que debemos hacernos es: "Si Sánchez no necesitara los votos de ERC para mantenerse en el poder hasta las elecciones, ¿habría actuado igual?". Claramente no.

Eso que dice de la "homologación con Europa" es un intento de justificar lo injustificable. Sabemos lo que vale el poder para Sánchez. Y vale incluso la desestructuracón del Estado. Pasado mañana, los independentistas podrán hacer lo mismo que en 2017 y les saldrá mucho más barato, más asequible penalmente.

La entrevista, vista desde fuera de la cafetería.

La entrevista, vista desde fuera de la cafetería. Javier Carbajal

Usted conoció a Sánchez hace muchísimo tiempo, en las agrupaciones de Madrid. ¿Nunca congeniaron?

Creo que nunca nos caímos bien. ¡Lo conozco casi desde el siglo XIX! Cuando dejé las Juventudes Socialistas fue Sánchez quien me sucedió. Creo que me ha hecho responsable de los tiempos en que no le fue bien. 

¿A qué se refiere? 

2008, por ejemplo. Él quería ser diputado nacional. A mí me tocaba hacer la lista de la circunscripción de Madrid. Tenía que pegarme con Pepe Blanco. Siempre acabábamos como el rosario de la aurora. Porque en una lista no cabe todo el mundo. A Sánchez no lo proponían en su federación porque no era alguien popular, no era un político querido por la gente. Y Pepe, que era su protector, no es que apostara por él tanto como para quitar a alguien más importante.

¿Y cómo se resolvía?

Sánchez acababa más abajo. Se quedó fuera en las elecciones de 2008 y en las de 2011. Creo que me hizo responsable de aquello. Era concejal en Madrid, formaba parte de mi ejecutiva. Lo tenía por crítico conmigo, pero tampoco es que nos enfrentáramos demasiado. Es de esto que no empatizas…

¿Es muy frío?

Absolutamente frío. Comer o cenar con él es como comer o cenar con un jarrón. No sabes lo que está pensando. Es muy difícil tener feeling con él. No lo reseño como algo bueno ni malo. De hecho, puede ser una virtud. Le ha ido mejor que a todos nosotros.

Su trayectoria es admirable: eso de llegar contra pronóstico, caer abatido por los tuyos, luego volver y ganar otra vez contra toda probabilidad. ¿Usted ya intuyó en Sánchez esa resiliencia? 

No, ni mucho menos. Hombre, en política todo el mundo se resiste a que le echen. Pero no, nunca lo imaginé. Es que Pedro ha situado el poder por encima de su propio desgaste personal. Porque estoy seguro de que habrá sufrido. Su salida de la secretaría general, su enfrentamiento con Prisa… Era alguien pegajoso, alguien que utilizaba todos los resortes, uno de los tres chicos de Pepe Blanco. Pero nada más. No supimos verlo y en el pecado llevamos la penitencia.

"Sánchez ha eliminado todos los mecanismos de control en el partido, nadie puede fiscalizarle"

Ya que estamos hablando de aquella época de Sánchez, aprovecho para preguntarle algo que se me escapa: ¿cuál es el pensamiento político de Sánchez? ¿Cuáles son sus ideas? Su proyecto de país.

No se puede comprender a Pedro Sánchez con el paradigma tradicional. La derecha, la izquierda, lo liberal, lo conservador, lo socialdemócrata… Sánchez es un populista. Y los populismos están huecos por dentro. Capaz de abrazar el centro con Albert Rivera o de formar un gobierno con Pablo Iglesias. Ha eliminado los mecanismos de control en el PSOE y en el Gobierno. ¿Quién puede fiscalizar en el partido a Sánchez? Nadie. 

En una de las pocas entrevistas que dio cuando dejó la política, dijo algo así como: “Sánchez tiene una lista con nombres y no olvida ninguno”. Pero no puede quejarse, usted ocupa un lugar privilegiado entre las 'víctimas' que ha ido dejando el presidente. El final de Tomás Gómez fue como un relato de Arthur Conan Doyle.

Absolutamente. Además, diez días antes de aquello, Sánchez me mandó un mensaje diciéndome algo así como: “Vamos a ganar Madrid”. Yo ya estaba preocupado porque El País seguía sembrando la duda de mi “corrupción” y es un periódico que lee el electorado socialista. No podía imaginar que Sánchez optaría por liquidarme. Y menos de esa manera. Dos días antes de mi destitución, en uno de esos desayunos informativos del Palace, fui a escuchar a Sánchez. Todo normal. Luego me aplicaron la eutanasia. 

¿Cómo se enteró?

Estaba en mi despacho de la sede del PSOE de Madrid. Llegó un teletipo de Europa Press: “Pedro Sánchez destituye a Tomás Gómez”. Y empezó a salir en todos los medios un político pequeño madrileño… El que ejecutó lo de la cerradura. ¿Cómo se llamaba? Digo lo de “pequeño” por su estatura política, ¿eh?

Está hablando de Simancas. Hace unas semanas estuve con Eduardo Sotillos, muy cercano a usted en aquel tiempo. Él se dio de baja del PSOE por esto de lo que estamos hablando. Me contó que llamó a Simancas [actual secretario de Estado de Relaciones con las Cortes] y que le confirmó haber sido el autor de la maniobra de la cerradura “por órdenes de arriba”.

Sí, fue Simancas. Y qué gran tipo Sotillos, aprendí muchísimo de él.

Por cierto, ¿pudo recuperar la colección de Vespas en miniatura que tenía en el despacho?

Pude recuperar la mitad de la colección, la otra mitad se quedó en el camino. No tenía casi nada personal allí, pero lo que hubiese, no sé, alguna pluma, se quedó en el camino. Es que fue un cambio de cerradura de verdad. No se podía entrar.

Tomás Gómez fue apartado de la dirección del PSOE madrileño por Pedro Sánchez.

Tomás Gómez fue apartado de la dirección del PSOE madrileño por Pedro Sánchez. Javier Carbajal

Me da la impresión de que usted se siente cómodo con lo de Indalecio Prieto: “Socialista a fuer de liberal”. ¿Tienen espacio los liberales en el PSOE de hoy?

Pues le diré que he leído mucho a Prieto y que me inspiró bastante, sí. Tengo un poso claramente socialdemócrata, pero nunca fui un izquierdista dentro del partido. Otra cosa es que, al hacer oposición en Madrid, mi perfil quedara de alguna manera difuminado. Sigo siendo un socialdemócrata clásico, pero somos minoría, ya casi no existimos. En Sevilla no faltó Alfonso Guerra, faltó toda una forma de pensar, de entender la solidaridad interna y externa.

¿Atribuye a Sánchez en exclusiva ese corrimiento del partido?

No. Empezó con Zapatero. Se alejó progresivamente de la socialdemocracia camino de posiciones más propias de un partido radical. Socialdemocracia es redistribución de renta, Estado de Bienestar, sostenibilidad… Y sobre todo, pragmatismo, que es lo contrario del dogmatismo. 

Póngame algún ejemplo de eso.

Se pone un impuesto a la banca porque queda muy bonito y el electorado de la izquierda se enardece. Lo mismo con el impuesto del patrimonio. No se miden las consecuencias ni se le explican al elector. Sánchez no tiene un modelo fiscal en la cabeza. Y debería tenerlo. Es indigno de un doctor en Economía. 

Hablemos ahora de Madrid. No será usted el candidato del PSOE a la alcaldía, ¿no? 

Pues ahora que lo dice, tengo una llamada perdida de un número desconocido [se ríe a carcajadas]. Oye, vaya desastre, ¿no? Me da una pena tremenda lo que está pasando. Esto no se va a recuperar en… Joaquín Leguina fue el último presidente socialista de la Comunidad y salió en el 95. 

Y Juan Barranco, último alcalde socialista, dejó el poder en 1989.

Sí. Conozco a [Juan] Lobato desde que era muy joven. Tengo muy buena opinión, pero lo han metido en una ratonera… Después de las elecciones, lo achicharrarán. Es que Sánchez plantea lo del “candidato amuleto”. Gabilondo, Pepu Hernández… Eso desmoviliza a las estructuras del partido, a los militantes…

"Conozco mucha gente en Madrid que es del PSOE y no lo dice. Se ha perdido ese orgullo"

¿Usted sigue militando? 

Por supuesto. Soy del Real Madrid, del PSOE y de Siniestro Total. Eso no me lo va a quitar Pedro Sánchez ni nadie. El PSOE hoy no existe en Madrid.

Pero, ¿qué pasa? ¿Madrid es una ciudad de derechas o es que el PSOE no es capaz de construir un proyecto para Madrid?

Las dos cosas. Madrid es una ciudad más de derechas que el resto de España. Una de las plazas más complicadas para el PSOE. Por eso no se puede poner un candidato a última hora. Debe situarse a alguien y darle tiempo para bregarse en las universidades, las empresas, los sindicatos, las asociaciones vecinales…

El PSOE no existe en el movimiento asociativo madrileño, ni siquiera está bien visto. Es un partido antipático y que cae mal. Conozco mucha gente que es del PSOE y no lo dice. Se ha perdido ese orgullo.

Tomás Gómez se dedica principalmente a la docencia.

Tomás Gómez se dedica principalmente a la docencia. Javier Carbajal

¿Y qué hay de Reyes Maroto? 

La aprecio, tengo muy buena opinión de ella. Pero da igual, como si resucitan a Pablo Iglesias Posse. Es que no depende tanto del candidato como dice Sánchez. Mire, con Felipe González en sus buenos tiempos, sólo mejoraba la marca en tres puntos.

Hombre, pero es que entonces: ¿qué tiene que hacer el PSOE? ¿Retirarse?

Porfirio Díaz, el presidente mexicano, dijo: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”. Pues pobre PSOE madrileño, tan cerca de Ferraz y tan lejos de Madrid. En mis tiempos, el partido no estaba bien, lo que pasa es que cada vez está peor. Más intervenido. 

Ya no es la elección de un candidato, sino lo poco que duran. Quiero decir: cuando se elige a alguien, no tiene tiempo para implantar un proyecto a medio plazo. De hecho, usted es el último de aquella especie: fue líder del PSOE-M durante varios años. 

No estoy de acuerdo con su observación. Yo sólo me pude presentar una vez a las elecciones y considero que, tras ese proceso electoral, no pude construir nada porque dediqué todo el tiempo a defenderme. Habíamos pensado sobre el sistema sanitario, sobre la universidad, sobre el transporte… Era un proyecto pensado y concreto, pero no pudo ser. 

Escribió un libro sobre el sistema sanitario. ¿Qué piensa de la huelga que enfrenta a algunos médicos con el gobierno regional?

El problema sanitario no es exclusivamente madrileño, sino del Estado. Creo en el Estado de las Autonomías, pero creo que no se transfirieron bien las competencias sanitarias. ¿Qué es eso de que cada Comunidad construya sus infraestructuras? Hay un montón de hospitales en algunas zonas y en otras, como en Guadalajara, sólo hay uno en la capital. La inversión debería ser nacional y las Comunidades gestionar otra parte de los servicios.

"Ayuso es como Esperanza Aguirre, pero tiene todavía más carisma. Se va a consolidar"

¿Qué piensa del fenómeno mediático Ayuso?

Es Esperanza Aguirre dos. Wyoming la machacaba, había una pancarta en la universidad que le decía cuando era ministra: “Esperanza, la Cultura te persigue pero tú eres mucho más rápida”. La dibujaban como la tonta del bote y la insolvente, pero ha sido la líder más carismática que ha tenido el PP en mucho tiempo. Creo que Ayuso lo es más todavía, pero lleva poco tiempo.

Son animales políticos con muchísima intuición. Con instinto. Ayuso se va a consolidar. Tiene algo innato, natural, que lo hace fácil. Y tiene con ella al mejor estratega que hay: Miguel Ángel Rodríguez.

¿Ayuso se acaba en Madrid?

Creo que Ayuso no va a ser presidenta del Gobierno de España. Pero su perfil es óptimo para que el PP arrase en Madrid, englobando desde la extrema derecha hasta el centro.

¿Cuáles deberían ser las propuestas del PSOE en campaña? ¿Cómo se combate a Ayuso?

Siendo realistas: si alguien en la oposición quiere que se le vea, tiene que romper un cristal y hacer ruido. Tiene que hablar de política nacional. Porque la política madrileña es política nacional. Fiscalidad, energía, sanidad y educación. 

Más Madrid adelantó al PSOE y creo que hizo una campaña muy autonómica.

No estoy de acuerdo. Implantó una estructura muy local, pero el discurso era nacional. Esa socialdemocracia desprendida de Podemos, renovada… Tengo muchos amigos votantes del PSOE que eligieron a Mónica García porque estaban hasta las narices del partido.

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