'Triangle of sadness', la comedia salvaje de Ruben Östlund, una explosiva Palma de Oro contra la beatería cinéfila
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28 Mayo 2022

'Triangle of sadness', la comedia salvaje de Ruben Östlund, una explosiva Palma de Oro contra la beatería cinéfila

El sueco entra en el selecto grupo de directores con dos 'palmas' con una explicación del capitalismo que hace 'vomitar' de placer

Cannes Claire Denis se estrella contra sí misma en 'Stars at Noon' Competición El capitalismo era esto: Ruben Östlund conmociona Cannes con un retrato perfecto de lo que significa Cannes Competición Park Chan-wook borda en 'Decision to leave' un 'thriller' romántico entre la exaltación y la fiebre Competición 'Holy spider', la mujer asediada según la mirada hipnótica de Ali Abbasi Competición Jerzy Skolimowski convierte cada rebuzno de 'Eo' en una poética coz contra la crueldad Competición El milagro de un melodrama alpino Competición Albert Serra implosiona en el Festival de Cannes con la propuesta más arriesgada, sonámbula y atómica

Lo que se vivió el sábado noche en el Gran Teatro Lumière en Cannes fue raro. Fue ver cómo Cannes premiaba a una película que más que simplemente reírse, hace sangre sobre todo lo que Cannes significa. Si aceptamos el folclore de la alfombra roja como la más espectacular escenificación de asuntos tales como la vanidad, la desigualdad y la más elemental hipocresía, ahí está una película con Palma de Oro que hace presa en cada una de estos argumentos. Triangle of sadness había sido recibida de la manera que se recibe todo aquello que no se entiende del todo. Primero con carcajadas nerviosas, luego con estupefacción mezclada con insultos proferidos por los guardianes de la moral y finalmente como lo que es: un acto gozosamente sacrílego.

Ruben Östlund entra de este modo en el selecto club integrado por Alf Sjöberg, Haneke, los hermanos Dardenne, Kusturica, Imamura, Loach, Coppola y Bille August con el premio más importante del que es capaz el cine por duplicado. En 2017 lo consiguió con The Square y ahora, otro tanto. Aquella era la segunda película de un tríptico a vueltas con nuestro espacios preferidos de recreo. La diana era el mundo del arte entendido como el más sofisticado de los regalos con que nos agasajamos nuestra desesperación. Antes, en Fuerza mayor (2014), lo que pasaba por debajo de la lupa eran los resorts para esquiar. Y ahora, atentos, los cruceros. Pero no los de oferta, sino los ideados para gentes ensordecedoramente ricos. Hasta el vómito si es preciso. Y esto es literal. En esta película todo se vomita.

El jurado ha optado por el riesgo y el riesgo siempre merece aplauso. Es una Palma que normaliza la comedia y que se revuelve contra todos aquellos que entienden el cine con pacata beatería. Oirán bufar a los ofendidos... Luego cabalgamos. Contar de qué va película de este alumno aventajado de Haneke y de Roy Anderson cuesta, porque quiere ir de todo. Es fábula de capitalismo, pero a medida que se pierde en cada una de sus arbitrariedades y desmanes se acerca con una claridad desusada a la mejor representación del caos. Y, en efecto, de eso se trata y en eso estamos: no lo llames capitalismo, llámalo estupidez. Cannes, a su modo, premió a Cannes. Cannes se desnudó y, con el propio festival todos. Y así.

El resto del palmarés, cumplida la sorpresa, se puede considerar acertado a razón de un festival que en ausencia de grandes e indiscutibles obras maestras se ha tenido que conformar con buenas obras, buenas. Los premios del jurado se repartieron de forma equilibrada, los dos ex aequos, y acertaron tres de cuatro. Mención especial para la Close, del joven belga Lukas Dohnt. Para él fue el único galardón con sentido del segundo en importancia, el Gran Premio del Jurado. Claire Denis está también ahí, pero por ser quien es. Y es demasiado. Stars at noon, reconozcámoslo, está muy lejos de ser uno de sus mejores trabajos.

Pero conviene detenerse en Close. Close es una historia sobre la fragilidad, sobre la adolescencia, sobre la aceptación, sobre la necesidad de replantear las reglas que nos hemos dado para relacionarnos. Si se quiere concretar y por aquello de entrar al fango de la guerra cultural, lo que se discute es el criterio mismo de masculinidad y la toxicidad a ella asociada. Pero, sobre todo, es una película admirable construida en un único pálpito de principio a fin. El espectador es directamente abducido por la historia de Léo (Eden Dambrine) y Rémi (Gustav De Waele) hasta hacerla suya, hasta vivirla por dentro. Es una película profundamente emotiva que redefine los límites de la propia emoción. De otro modo, recuerden Triangle of sadness y recuerden Close.

Que Park Chan-Wook fuera elegido mejor director por Decision to live o que las maravillas que son Eo, de Jerzy Skolimowski, y Le otto montagne, de Charlotte Vandermeersch y Felix Van Groeningen, figuren en la otra mención, la pequeña, del equipo encabezado por Vincent Lindon tiene todo sentido. El director coreano plantea en su último trabajo un thriller romántico de una precisión desusada; el homenaje del polaco al clásico de Bresson Al azar de Baltasar de la pata (que no la mano) de un burro que nos observa a nosotros los humanos sorprende por lo que tiene de revelación, y la película de la pareja belga es puro humanismo en mitad de los Alpes. Todo bien.

El resto de los premios cumplió con el protocolo. Cuesta llevarles la contraria. Tanto el actor que se hizo grande (más grade aún) en Parásitos y ahora cumple con los preceptos de Kore Eda en Broker Song Kang Ho, como la actriz Zar Amir Ebrahimi, pura energía en la más que turbia 'Holy spider', de Ali Abbasi, merecen su sitio en la lista. Nos hubiera gustado ver también ahí a la rusa Alyona Mikhailova, por su exhibición en Tchaikovsky's Wife, de Kirill Serebrennikov. Quizá, por qué no, resulta algo más triste incluso que la única película que se atreve a más, más lejos y más hondo, se haya quedado completamente fuera. Pacifiction, de Albert Serra, por lo que tiene de discusión con cada una de las reglas que configuran la imagen y el sentir cinematográfico, digámoslo así, se había ganado el derecho a estar. Y luego está el premio más que merecido e inventado a los hermanos Dardenne. Bien por ellos y bien por el milagro desangrado y voraz que es Tori y Lokita.

Y dicho lo cual, llegó el festival de Cannes e hizo boom! Östlund está ahí para recordarnos que vamos mal. Él, en cambio, bien.

PALMARÉS DE LA 75ª EDICIÓN DE CANNES

Palma de Oro.'Triangle of sadness' de Ruben Östlund.

Gran Premio del Jurado. Ex aequo para 'Close', de Lukas Dohnt, y 'Stars at noon', de Claire Denis.

Director. Park Chan-Wook por 'Decision to live'.

Actriz. Zar Amir Ebrahimi , por 'Holy spider', de Ali Abbasi.

Actor. Song Kang Ho, por 'Broker', de Kore Eda.

Premio del Jurado. Ex aequo para 'Eo', de Jerzy Skolimowski, y 'Le otto montagne', de Charlotte Vandermeersch y Felix Van Groeningen.

Guión. Tarik Saleh por 'Boy from heaven, de Tarik Saleh.

Premios especial 75 aniversario. Jean-Pierre y Luc Dardenne por 'Tori y Lokita'.


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