Un Chelsea partido en dos por la guerra y un barrio sin pandemia: ''Te podrás quedar a dormir cuando acaben las sanciones''
14:04
6 Abril 2022

Un Chelsea partido en dos por la guerra y un barrio sin pandemia: ''Te podrás quedar a dormir cuando acaben las sanciones''

El distrito de Fulham, ya sin restricciones Covid, recibe al Madrid en un Stamford Bridge con las gradas llenas, aunque sólo para este partido. ''No podemos vender nada'', cuentan en los alrededores

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Bajando de norte a sur por la interminable Fulham Road, llena de tiendas de antigüedades, locales de comida rápida, pubs de cervezas y puestos de fruta y pescado, aparece de repente la Britannia Gate de Stamford Bridge, el primer acceso al estadio del Chelsea Football Club. Lejos de parecer un gran complejo, el coliseo blue da la sensación de esconderse entre el ladrillo de los edificios. Las instalaciones están en plena frontera entre barrios. Pertenecen al distrito de Hammersmith y Fulham, aunque el nombre del equipo haga referencia al barrio colindante de Kensington y Chelsea. Al otro lado de Fulham, pegado al río Támesis, está Craven Cottage, el estadio del equipo con el nombre del barrio. Una rivalidad de clubes y campos que parece haber vivido ya sus momentos más calientes, con el Chelsea instalado en la elite europea y con su afición más pendiente de otros equipos. En este mismo lugar, hace once meses, entre los portales de las residencias familiares, la afición del conjunto londinense apedreó el autobús del Real Madrid en la vuelta de las semifinales de Champions.

Dar un paseo por las inmediaciones de Stamford Bridge ayuda a entender por qué y cómo la invasión rusa de Ucrania ha partido en dos la temporada del Chelsea. Sin dueño tras la renuncia del ruso Roman Abramovich, que ahora es mediador en la guerra y espera la venta definitiva de la entidad; con sus directivos con las 'manos atadas', sin poder renovar ni fichar jugadores; sin vender entradas (con la excepción del partido ante el Madrid, donde ayer se colgaba el 'Sold Out') ni de camisetas en la tienda oficial por las sanciones del Gobierno británico... Sin prácticamente nada. Tanto, que los jugadores han tenido que adelantar ellos mismos el dinero para pagar la gasolina de los autobuses que usan en los desplazamientos ligueros.

Pegada a la Britannia Gate del estadio, casi pared con pared, está la Sir Oswald Stoll Foundation, «el corazón de los veteranos de guerra en Londres» que todavía hoy gestiona habitaciones para hombres y mujeres que han dejado el ejército. Una coincidencia mayúscula pero el fiel reflejo de lo poco que olvida la sociedad londinense las dos grandes guerras del siglo pasado. Por eso, en parte, apenas hubo piedad en las multas a los oligarcas rusos y por eso se pueden ver varias banderas ucranianas en las casas de las calles más cercanas.

La gasolina y el odio al Chelsea

Más allá del dinero que tienen que poner los futbolistas del primer equipo para sus partidos a domicilio, quienes más han sufrido las sanciones son los empleados de las instalaciones. El Chelsea no puede sacar beneficio de sus departamentos, que están parados por depender de su dueño ruso. Además de no vender entrenadas y de tener la tienda cerrada, los responsables de la organización inglesa no pueden reservar las habitaciones de los hoteles Millenium y Copthorne, que forman parte de la estructura de Stamford Bridge y eran hasta ahora una de sus principales fuentes de ingresos. En ausencia de aficionados, parte de ellos han sido ocupados por staff de la propia UEFA. «Te podrás quedar a dormir cuando acaben las sanciones. De momento no podemos vender nada», cuentan a este periódico a las puertas del hotel. A través de la web, todas las habitaciones salen extrañamente «agotadas» para todo el mes de abril, sin mayor explicación. En cuatro semanas esperan tener nuevos jefes.

Los alrededores de Stamford Bridge sí han olvidado, como casi todo Londres, la pandemia de Covid-19. No se ven mascarillas en interiores, han recuperado la vida del día a día y los comercios vuelven a tener cierta normalidad: «No estamos como antes de la pandemia, pero no nos podemos quejar», explica Ahmed, dependiente de una tienda de muebles. El barrio, de clase media y con precios no demasiado baratos, no parece sufrir. Los debates se centran, cómo no, en la gasolina. «Esto es lo que más preocupa ahora mismo. Está muy cara», comenta Edgar, taxista. El diésel ha pasado de 1,51 libras en febrero a 1,76 ahora. Este miércoles, eso sí, las miradas estarán puestas en el césped. «Odiaba al Chelsea porque soy del Arsenal, pero ahora me cae todavía peor», insiste Edgar, que amaga con escupir al nombrar a los gunners. Los dos, junto al Tottenham, son los grandes equipos de una ciudad que respira fútbol y que esta noche pondrá nota a gran parte de la temporada del Real Madrid.


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