Un penalti salva al Sevilla en Alemania
23:04
29 Septiembre 2021

Un penalti salva al Sevilla en Alemania

Rakitic empata en el descuento tras un asedio hispalense en la segunda parte.

Lopetegui no encuentra su triangulo en la medular y, sin timón, los goles son de niebla. En el Volkswagen Arena, el Papu Gómez abandonaba el abismo de los costados para hacer bailar al equipo a su alrededor como una suerte de tótem. Con Fernando y Jordán parapetándolo, el porteño estaba llamado a liderar, desde la media punta, a un Sevilla que necesitaba sumar tras su tibio debut frente al Salzburgo. El Wolfsburgo de van Bommel entró frenético y desordenado. El miedo a perder pesaba más que el júbilo de ganar. Fue un tanteo opaco, un fútbol atropellado. El central Lacroix recibió tarjeta en el primer minuto. Era un frenesí de carreras en vano, una rifa de balones, un blando boxeo. [Narración y estadísticas]

Un mal disparo de Steffen en el minuto 20, al que la zaga visitante dejó casi pisar área sin hostigamiento, fue lo único peligroso que hicieron los alemanes en la primera mitad. Por parte del Sevilla, sólo un poco de artificio. Acuña centró raso al área pequeña y la pasividad de Rafa Mir facilitó el trabajo a Roussillon, que logró anticiparse. El delantero realizó un encuentro olvidable. Enzarzado en batallas estériles, con poca presencia en el área y muy desgarbado en sus acometidas.

El Wolfsburgo atacaba con suavidad, sin desguarnecerse. El Sevilla se abrazaba a las diagonales de Suso, que tampoco tuvo su noche. Todo lo que intentó acabó en ceniza. Ocampos, muy lejos aún del futbolista que maravilló al sevillismo, era incapaz de irse de Mbabu, muy trabajador y preciso en toda la primera mitad. El juego era jaranero, impreciso y urgente. Poco fluido. Ni siquiera el balón parado generaba inquietud. Lopetegui se desgañitaba en la banda pidiendo a los suyos que mordieran metros, que avanzaran, que enseñaran las garras; pero su centro del campo era un embudo. Tres futbolistas casi superpuestos, como en una torre circense. Sin profundidad y sin chispa, llegó el descanso.

Malas noticias hasta el último minuto

Acuña, que había recibido un duro golpe en el tobillo, fue sustituido por Rekik en la segunda parte. Apenas habían pasado tres minutos desde la reanudación cuando Steffen cazó un balón en el área de Bono, tras un centro lateral mal defendido por el Sevilla. El suizo, sin marca, a placer, remachó sin piedad adelantando a los suyos. Lopetegui removió el banquillo y señaló a Rafa Mir que, pese a la desventaja y ser el delantero referencia tras la ausencia de En-Nesyri, fue sustituido. También Suso se fue a las duchas. Entraron Rakitic y Lamela, colocándose el argentino en la punta de la flecha. Una posición inédita para él, un arrebato del míster que no funcionó.

El partido avanzó enmarañado e inaccesible para el Sevilla, que aún estaba entendiendo su nuevo dibujo. En el minuto 70, Julen acabó con los inventos y reordenó a los suyos. Jordán dejó su puesto a Iván Romero, un delantero canterano que había jugado un solo minuto con el primer equipo. Un instante después, Bono salvó el segundo gol con un mano a mano perfecto frente a Weghorst. Munir sumó efectivos al ataque. Quedaban quince minutos y la búsqueda del gol ya no era lírica, sino prosaica. Los lobos se encerraron y el Sevilla atacaba ciego sobre la meta de Casteels. Una plancha de Guilavogui sobre Lamela, cuando el peligro ya había pasado en su área, dio la vida al equipo nervionense. Kabakov pitó penalti y Rakitic lo transformó. El empate fue un tesoro tras un partido tan obtuso, tan apagado, tan lleno de costuras.


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