Un Plácido Domingo de 'onore' y gloria en un Teatrp Real sin presencia de autoridades
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17 Julio 2022

Un Plácido Domingo de 'onore' y gloria en un Teatrp Real sin presencia de autoridades

La audencia que lo ovacionó antes de su primera intervención como si fuera ya el final ante la que bien pudo ser su última noche en el Teatro Real

No se requería oído absoluto para captar el mensaje entre líneas del recital que ofreció anoche Plácido Domingo en el Teatro Real, que arrancó con la obertura de La forza del destino de Verdi seguida de un aria de Andrea Chénier de Giordano, Nemico della patria?!, que no necesita traducción, aunque concierne al barítono cantar el monólogo de Gérard entre interrogantes o exclamaciones.

Domingo renunció a los signos ortográficos para reafirmarse en la piel del criado y hacer suya la nostalgia, el desengaño y hasta la desesperación provocada por la promesa revolucionaria de un tribunal inhumano (Iibreto dixit): "¡Un día me alegraba pasar, entre odios y venganzas, puro, inocente y fuerte! ¡Gigante me creía!...", se redimió el artista de 81 años, que incluyó en Pietà, rispetto, amore de Macbeth una casi imperceptible transliteración, sólo apta para melómanos, del amore por onore en el último acto de la ópera de Verdi.

Tanto se ajustaba el programa del recital a las capacidades vocales del cantante -que en el ocaso de su carrera sigue asumiendo nuevos roles de barítono- como a la coyuntura social y sobre todo política de una audencia que lo ovacionó antes de su primera intervención como si fuera ya el final, o tal vez para evitar precisamente eso: la posibilidad de una despedida en la que bien pudo ser su última noche en el Teatro Real.

Domingo correspondió las innumerables muestras de afecto con su habitual entrega y compensó las limitaciones de su instrumento (sobre todo en lo que se refiere al fiato) con la solidez de un timbre inconfundible y aún rico en matices, sobre todo en el famoso dúo Madamigella Valery? de La traviata, que tendría que haber cantado íntegra en este mismo escenario en 2020.

En la segunda parte del concierto volvió a arriesgar con roles de tonelaje, como Amonasro (en el duetto Ciel, mio padre! de Aida), y el Hamlet de Ambroise Thomas, toda una rareza del repertorio en la que cantó: "Oh vino, disipa la tristeza que pesa en mi corazón!".

Fue en 2009 cuando el cantante madrileño decidió reinventarse como barítono y seguir ensanchando su tesitura con roles más dramáticos. La hazaña de su debut como Simon Boccanegra consistía en empezar de cero, lanzarse al barro y cerrar el círculo de su propia biografía, toda vez que su debut en las tablas (mexicanas) se produjo precisamente en la tesitura grave.

Tres años después de la versión de concierto de Giovanna d'Arco de Verdi, Domingo volvió darse un baño de multitudes en Madrid. Sin embargo, no encontró en los palcos (algunos vacíos) la complicidad de las autoridades (solo acudió Andrea Levy, concejala de cultura del Ayuntamiento), que se reafirmaron con su ausencia en el veto a sus actividades a través del Ministerio de Cultura y a pesar de la absolución de las investigaciones llevadas a cabo por varios teatros de ópera en Estados Unidos tras unas polémicas acusaciones de acoso que no llegaron a dirimirse en los tribunales.

Su regreso al coliseo madrileño se produjo dentro de la programación del Universal Music Festival y al margen de la temporada oficial del Teatro Real, con el que el artista habría firmado un contrato, según relató él mismo a este periódico, para cantar tres representaciones de Nabuccosin que llegara a publicarse su nombre para ninguna de las funciones aún en cartel. Tenía sentido que la primera de las propinas fuera Amor, vida de mi vida, romanza de la zarzuela Maravilla de Moreno Torroba, que arranca así: "Adiós, dijiste. Se va mi vida".


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