Un volcán y una familia para el futuro: las cinco alegrías que deja la Eurocopa en España (y alguna preocupación)
01:44
8 Julio 2021

Un volcán y una familia para el futuro: las cinco alegrías que deja la Eurocopa en España (y alguna preocupación)

Del desprecio en los primeros días a un porvenir ilusionante. El paso por la Eurocopa de la selección del volcánico Luis Enrique deja elementos para creer, con el Mundial en un año y medio

Crónica España muere con honor Morata Récord con España y lesión en otra tanda maldita Opinión Luis Enrique consolida su proyecto

Tardará un tiempo en ver la luz, pero el documental que está preparando la Federación Española sobre la Eurocopa 2020, disputada en 2021, tendrá momentos, frases e imágenes que pocos hoy pueden sospechar. Y que, mucho menos, podían sospechar al inicio del trayecto, el lunes 31 de agosto en la casi clandestinidad entonces de la Ciudad del Fútbol de Las Rozas. Ese documental no tendrá la épica de la victoria, como sí la tuvieron las secuencias de 2008, 2010 y 2012, pero resulta incuestionable que generará interés. En la Federación todavía no tienen claro cómo lo ofrecerán, a través de qué canales o plataformas, pero sí aseguran que contendrá las píldoras necesarias para explicar cómo esta selección ha dejado atrás el anonimato, cuando no el desprecio, para convertirse en un colectivo que transmite certezas por encima de todo. Alguna duda también, cómo no. Pero, sobre todo, certezas.

UN ENTRENADOR VOLCÁNICO

"Aquí pagamos por ser buen entrenador, no por ser simpático". La frase se escucha muchas veces en conversaciones con empleados y directivos de la Federación si el tema de conversación es Luis Enrique. Y parece obvio que el seleccionador nunca ganará un premio a la simpatía de puertas para fuera. Desprecia profundamente el trabajo de los periodistas, es un hecho, y eso le hace enseñarse distante en el mejor de los casos, prepotente, altivo y hasta maleducado en el peor. Sin embargo, es innegable su personalidad, la capacidad de liderazgo para poner tras de sí a toda una Federación y a su grupo de futbolistas. "Soy el líder", ha repetido sin rubor, y lo es. Y cuando en un equipo no hay estrellas, bien está que lo sea el entrenador. Con Del Bosque, también por su forma de ser, ocurría lo contrario. Él dejaba que brillaran las estrellas, brutales, que había sobre la hierba.

UN ESTILO DEFINIDO

Desde que Luis Aragonés puso a la selección a danzar alrededor de la pelota, España tuvo muy claro a qué jugaba durante muchos años. Cuando aquello, por culpa del paso del tiempo, se fue apagando (Mundial de Brasil 2014 en adelante), la selección entró en un proceso algo esquizofrénico. Quería seguir jugando a lo mismo, pero ya no tenía jugadores para hacerlo. Trató Del Bosque de modificarlo, pero no pudo. También lo intentó Lopetegui, y por momentos pareció conseguirlo, pero tras dos años, el equipo que él había confeccionado cayó, con Hierro en el banquillo, oliendo a lo de siempre. El equipo de Luis Enrique, en cambio, juega a otra cosa. Defiende muy arriba, presiona muy alto y tiene mucho el balón, sí, pero hay muy pocas posesiones horizontales, intrascendentes. España quiere la pelota para atacar en vertical, y por eso la apuesta firme por tipos como Olmo, Morata o Ferran Torres arriba.

LA APERTURA AL EXTERIOR

Hay intangibles que también cuentan en esto del fútbol. En la última década, los jugadores de la selección, por la propia inercia del deporte y también por su estatus dentro del universo del balón, habían perdido el contaco con la realidad. Eso ha cambiado. Desde la llegada de Luis Rubiales y su departamento de comunicación, la selección ha sido mucho más accesible. También ha contribuido a ello el perfil bajo que de momento tienen la mayoría de los jugadores, es cierto, pero la labor de ese departamento, acercando a los futbolistas al aficionado, ha resultado clave. En tiempos en los que otros organismos como LaLiga y los propios clubes se empeñan en ser cada vez más herméticos, alejando al fútbol de la gente, la Federación va en sentido contrario, e incluso en tiempos de Covid-19, todos los futbolistas han ofrecido entrevistas y, por tanto, se han presentado a la gente. No así Luis Enrique, que es Luis Enrique también para lo malo.

EL FUTURO ES SUYO

La media de edad de la selección, 26,5 años, invita a pensar que la ola desatada tiene recorrido. No se recuerda una eliminación de España recogida por la prensa y la afición con una lectura tan buena. Lo más parecido a eso puede estar en las caídas de 2002 (Corea y Japón) y 2006 (Alemania). La hinchada cree que hay algo interesante en marcha, y tiene razón. El esqueleto del equipo (Unai Simón, Laporte, Pedri, Olmo, Ferran, etc...) es jovencísimo, y a los de mediana edad todavía les queda recorrido. Además, el próximo Mundial es dentro de un año y medio por culpa de la pandemia, de modo que, cuando logre la clasificación que retomará en septiembre, el torneo se presenta con buenas expectativas.

AQUÍ UNA FAMILIA

Es la palabra más usada por todos los miembros de la expedición. Y no hay nada que lo pueda cuestionar. Sólo cuatro futbolistas han sido titulares siempre (Unai Simón, Laporte, Pedri y Koke), y ha habido gente que ha jugado muy poco, más allá de Diego Llorente y Adama. Es llamativo el caso de Thiago, un jugador consagrado que ha tenido un papel residual y, sin embargo, era el primero en las celebraciones de los goles y las clasificaciones. Después, era muy llamativo comprobar cómo, tras avanzar, los abrazos y palmadas se repartía no sólo entre jugadores y entrenador, sino también entre delegadas, utilleros, fisios, comunicación, ayudantes varios... "Somos una familia", repetía ayer Laporte, el último en llegar, ya consagrado. Al contrario de las últimas concentraciones en grandes eventos, donde el ambiente fue raro por varios motivos (en Brasil por la decadencia de los grandes, en Francia por el tema de Iker y en Rusia por la bomba de Lopetegui), esta selección es una balsa de aceite. Y el que no quiera adaptarse, no irá.

JUGADORES CON GASOLINA

Una de las principales críticas a Luis Enrique cuando ofreció la lista fue que muchos de los protagonitas no eran titulares fijos en sus equipos. Y era cierto: Laporte, Ferran Torres, Eric Garcia o Sarabia ejemplificaban esas apuesta (no así otros, la mayoría, titulares fijos en sus equipos). Quizá debido a eso, quizá debido a la buena planificación de Rafael Pol, el preparador físico, lo cierto es que España, que ha jugado tres prórrogas en los tres cruces, siempre ha terminado mucho mejor que el rival físicamente. El pasado martes, en Wembley, los futbolitas italianos se pasaron la prórroga pidiendo la hora mientras los españoles, aunque ya cansados, corrían más, querían más, proponían más.

Como sería absurdo negar la evidencia, a Luis Enrique, pese a todo, le queda bastante trabajo por delante. España sólo ha ganado un partido de los seis de esta Eurocopa en los 90 minutos, le cuesta encontrar el camino de la portería contraria y la suya la encuentran los rivales de un vistazo.

UNA DEFENSA BLANDA

Luis Enrique, lo ha dicho alguna vez, elige a sus defensas por varios motivos, pero uno de ellos, muy importante, es la salida de balón que ofrezcan, y la capacidad para jugar muy lejos del áera propia y sin referencias fijas a quien marcar. El perfil de los centrales (Laporte, Pau Torres, Eric García y Llorente) responde a ese gusto por el buen manejo del balón. Y bien está, aunque durante todo el torneo se ha visto que los oponentes necesitaban muy poco para generarle peligro a España. Un balón colgado o un simple contragolpe, transición como se llama ahora, suponía un dolor de muelas. El gol de Lewandowski, el de Shaqiri o incluso el de Chiesa el martes dan fe de esa falta de contundencia que el equipo debe mejorar.

SIN GOL, ES DIFÍCIL

Si España hubiera traducido en goles su superioridad en casi todos los aspectos del juego, hubiera ganado todos los partidos holgadamente. "Hemos sido superiores al contrario en todos los partidos", proclamaba Luis Enrique en el césped de Wembley, y puede que tenga razón, pero precisamente la traducción de esa superioridad en el marcador es un problema para España. Se emborrachó contra Eslovaquia y Croacia, sí, con 10 goles, pero en los otros tres, hizo uno por partido, algo muy inferior a lo que marcaba el juego. De los 13 goles que ha marcado en seis partidos, tres han sido en propia puerta del equipo rival. El equipo es muy superior a los rivales la mayoría de las veces, pero no lo traduce en goles. Y eso es un problema serio, porque el gol no se puede trabajar. Esa colectivización del gol que pretende el seleccionador es una utopía.

FALTA ALGO DE CARISMA

Eso, el carisma, le sobra al entrenador, pero en el campo, hoy por hoy, no hay. Quizá pueda haber carisma en un futuro, cuando los que hoy son futbolistas que han logrado su presente comiencen a tener un pasado al que agarrarse. Chiellini y Bonucci ayer sufrieron como pocas veces, pero sujetaron a su selección casi con su sola presencia. Si el tiempo y los títulos se lo conceden, los jóvenes podrán adquirir esa cualidad, que no tienen a los que ya asisten los títulos: Busquets es un gran capitán cuando las focos se apagan, pero no es Sergio Ramos, que por cierto esperó a que terminase la selección en la Eurocopa para anunciar su fichaje por el PSG, el lugar desde el que quiere volver. Con todos sus defectos, ese, el carisma, no es uno de ellos. Quizá él sea parte de la solución para esto.


Etiquetas:  #Un #volcán #y #una #familia #para #el #futuro #las #cinco #alegrías #que #deja #la #Eurocopa #en #España #y #alguna #preocupación

COMENTARIOS