Una noche de transistores (y terror) en el Khalifa: los agónicos tres minutos en los que España estuvo eliminada
23:38
1 Diciembre 2022

Una noche de transistores (y terror) en el Khalifa: los agónicos tres minutos en los que España estuvo eliminada

Hasta la respuesta de Alemania al gol de Costa Rica, en el Al Bayt, la grada española se temió lo peor. ''Habrá que preguntar a otras selecciones si les importa pasar con imagen buena o mala'', aseguraba Morata. Marruecos espera en octavos

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Un tambor no paraba de retumbar en el estadio Khalifa Internacional. Sonaba una y otra vez como si fuera el latido de un corazón. O como presagio de que algo iba a suceder. Era un grupito de japoneses, con sus camisetas azules, que trataban de insuflar una marcha más a los suyos a golpetazo limpio. Pero el ruido cesó de repente por culpa de Álvaro Morata. La defensa nipona contempló el remate del delantero español, solo en el área chica tras el preciso centro de Azpilicueta, firmando su tercera diana en el torneo y encaramándose a la larga nómina de máximos goleadores (ahora hay cinco). En la grada estaban, recién llegados de Madrid, Leonardo, Alessandro y Edoardo, sus tres hijos, y su mujer Alice, que aguarda otro retoño. Nada hacía presagiar la terrorífica noche que se avecinaba. Que durante tres minutos llegó a estar fuera del torneo. Que durante más de media hora, permaneció con un oído en lo que sucedía en el Al Bayt, poniendo velas para que Alemania no resbalase.

A los japoneses no les sentó nada bien el gol, porque ni siquiera se levantaban de sus asientos cuando la ola, iniciada desde el fondo norte donde se alojaban los españoles, pasaba por su zona. Fueron unos minutos de aturdimiento sin más, porque el tambor volvió a sonar. Probablemente incluso con más mala leche. Pero a España, que llegó a tener un 80 por ciento de posesión, como anunciaron a todo trapo los videomarcadores gigantes del estadio, le empezó a temblar el pulso. Le ocurrió a Sergio Busquets, imperturbable, y la escena se repitió desde los pies de Unai Simón, que caminaba a un metro de la línea de su portería.

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La noche parecía plácida, hasta que el tambor de Japón despertó definitivamente. En tres minutos de desconcierto de España, los asiáticos se pusieron por delante. Y hasta Luis Enrique se quitó la chaqueta. Le entraron los calores. Durante cerca de cinco minutos (si no más), la grada permaneció a la espera de lo que decidiera el VAR. Si el balón había sobrepasado la línea de fondo o no. El árbitro interrumpió la celebración nipona y el propio colegiado la volvió a desatar con su brazo en alto, señalando el centro del campo. En la repetición también pareció que la pelota había salido por completo, pero... El miedo entraba por primera vez en el cuerpo de la grada y el banquillo español.

Al menos Alemania no perdía, debían pensar en el banquillo español. Pero instantes después, Vargas marcó para Costa Rica. La hazaña de los centroamericanos, recibidos por los de Luis Enrique con un tremendo 7-0, les dejaba fuera. Durante tres minutos, los transcurridos entre el 70 y el 73 del otro encuentro, cuando Havertz firmó el empate, un escalofrío recorrió el cuerpo del banquillo y la grada española, que nunca habrían imaginado un guion tan enrevesado. La guadaña llegó a silbar el oído del combinado nacional.

"Me enteré de que estábamos fuera"

En la tribuna de prensa, hubo quien cambió el monitor para seguir el partido que se estaba disputando en el lejano Al Bayt. A España, lógicamente, le entraron las prisas. Y de repente, el fondo donde estaban los seguidores españoles volvió a gritar gol. Nunca un tanto de Alemania fue nunca tan celebrado por otro equipo. Cuando el árbitro señaló el final, los japoneses corrieron a abrazarse por su gesta y los de la selección española, aturdidos aún por lo que acababa de suceder, aguardando a que acabara el otro partido, sólo acertaban a caminar como zombis.

«Hemos pasado, que es lo importante. Otro tropiezo y nos vamos para casa. Habrá que preguntar a otras selecciones si les importa pasar con imagen buena o mala», lanzaba ya a salvo Morata, tratando de recuperar el optimismo. «Ellos tenían que cambiar, estaban eliminados. Han salido a apretar más arriba y se han volcado», admitía Pau Torres, que venía de disputar sus primeros minutos en la competición. Menudo día para estrenarse. «Me enteré de que estábamos fuera, teníamos que marcar, pero no pudimos. Dificultades hay en todos los partidos, no creo que haya sido falta de frescura», reconocía Pedri, que seguía tragando saliva en la zona mixta del monumental Khalifa.

Para la historia del combinado nacional en los Mundiales quedará que una vez se metió en octavos gracias a los goles de un germano espigado llamado Havertz. Pero, también, que durante tres minutos estuvo muerta, zarandeada sobre el césped por Japón. Por fortuna, será la quinta vez en las seis ediciones este siglo que supera la fase de grupos. Alemania se marcha a casa y ahora es Marruecos la que aguarda en el horizonte.


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