Una noche para la redención en el Barcelona: Luuk de Jong aprende a marcar, Ter Stegen recuerda parar
09:22
3 Enero 2022

Una noche para la redención en el Barcelona: Luuk de Jong aprende a marcar, Ter Stegen recuerda parar

El ariete neerlandés brinda en Son Moix al minimizado equipo azulgrana un agónico triunfo que salva el portero alemán en el tiempo añadido

Lo surrealista acostumbra a atraer, como todo lo que escapa a la razón y arrima a la locura. También en el fútbol. Luuk de Jong desconcierta y provoca. Es Dalí con balón. Es un delantero tan absurdo que cuesta no quitarle el ojo. Ya sea porque sus maneras, oxidadas y toscas, invitan a la mofa más cruel. O porque ese gesto de piedra, donde sólo se advierte vacío e inexpresividad, abre también la puerta a desenlaces inesperados. Luuk, el mismo que amaneció tirando un pelotazo grotesco que salió por la línea de banda, también el mismo que dibujó una chilena tan estética a la que ni siquiera el ruido del larguero restó misticismo, levantó otra vez su corpachón. Y con la cabeza brindó al minimizado Barcelona un triunfo que tuvo que salvar al final el criticado Ter Stegen. Uno aprendió a marcar. Otro recordó parar. Qué mejor héroe que el incomprendido. [Narración y estadísticas]

Acudía el equipo azulgrana a Son Moix cargado de bajas (hasta 17) y con su entrenador, Xavi Hernández, mucho mejor en la solución de problemas que en la queja. Como no tenía laterales, jugó con cuatro centrales. Mingueza, a la derecha; Araujo, un bombero único, a la izquierda. Como no había mediocentro que organizara y por mucho que Frenkie de Jong se situara en el pivote, pocos como Eric García para crear y dividir. Sin extremos del primer equipo de los que tirar, Ilias y el valiente Jutglà ocuparon las orillas. Mientras que Luuk de Jong serían quien ejerciera de punto final, con el hiperactivo Riqui Puig, recuperado por fin para la causa,rondando su espalda.

El partido daba para situaciones rocambolescas, como ver a Piqué ensayando un libre directo, aunque con escaso tino, o a Araujo tratando de avanzar como si fuera un carrilero de vieja escuela.

Sin embargo el Mallorca de Luis García Plaza, al menos en el primer acto, apenas respondió. Ni ayudaba la ausencia del lesionado Take Kubo, que bien pudo haber echado una mano a un Kang-in Lee condenado a un insípido monólogo en el frente, ni la racha del equipo (ya una victoria en 11 partidos) presagiaba rebelión futbolística alguna.

Así que el Barcelona pudo vivir relativamente en paz. Negaba los intentos de contragolpe del Mallorca gracias a que tanto Eric García como Piqué empujaban a sus centrocampistas hacia arriba, y en ataque el plan pasaba por encontrar como fuera al tallo Luuk.

Jutglà, que venía de enroscar un balón que salió fuera por poco, fue quien logró dejar solo a Luuk de Jong frente a Manolo Reina. Su pase filtrado con el botín izquierdo merecía un premio al que el ariete del Barcelona no supo corresponder. Alargó el delantero neerlandés la pierna cuanto pudo, pero el toque tuvo las suficientes deficiencias como para que la pelota acabara en el palo, no en la red.

Un gol para sobrevivir

Un minuto después Luuk buscó la redención con su impresionante chilena a centro de Mingueza, al que le dio por centrar toda pelota ante la imposibilidad de encontrar otro tipo de soluciones. La insistencia del lateral azulgrana, a quien Riqui buscó desde el balcón del área, acabó teniendo premio. Saltó Luuk de Jong más que Maffeo, más que Russo, incluso más que Ronald Araujo, que también había acudido al remate. El testarazo sirvió para que el Barcelona atrapara justo antes del descanso un gol con el que trampear hasta el final.

Porque el Barcelona, cada vez exhausto, cada vez más irreconocible y cada vez más cargado de niños (debutaron en el segundo tiempo el centrocampista Álvaro Sanz, de 20 años, y el extremo Estanis Pedrola, de 18) sólo pudo sobrevivir. Que también es vivir.

Luis García animó a sus futbolistas a que cargaran con todas sus fuerzas en el último tramo del duelo, ya con Fer Niño, Mboula e incluso Abdón Prats en busca del empate. Quizá no se le pudiera pedir a este Barcelona de Xavi que defendiera con el balón y en campo rival. Bastante tenía con confiar en el muro levantado por Piqué y Eric García, o con alejar a los locales de los dominios de un Ter Stegen al que inquietó Mboula a cinco minutos del final. El balón salió demasiado alto.

Al meta alemán le aguardaba la gloria en el añadido, cuando sacó el brazo, de granito, para negar el empate a Jaume Costa. Si el Barcelona ha recuperado a su portero, ha recuperado también la vida.


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