“Vigilancia” a los cargos de Ciudadanos ante la moción de censura a Mañueco
07:46
19 Marzo 2021

“Vigilancia” a los cargos de Ciudadanos ante la moción de censura a Mañueco

Los doce diputados naranjas en Castilla y León están bajo «vigilancia» frente a las presiones socialistas para que rompan el «no» de la dirección a la moción de censura contra el Gobierno de coalición entre PP y Cs

La dirección de Ciudadanos (Cs) ha perdido por completo el control de la situación interna. El PSOE lo sabe y está intentando romper la unidad de acción de Cs en Castilla y León para conseguir los cuatro tránsfugas que le permitan este lunes sacar adelante la moción de censura que han presentado para desbancar al Gobierno de coalición entre el PP y los naranjas. Hay presiones, hay conversaciones informales y hasta denuncias de presuntos intentos de compra de voluntades desde la parte socialista.

La política autonómica y municipal es un polvorín de nervios por el miedo a que la inestabilidad se extienda, después de que las maniobras de partido hayan hecho virar el foco de las prioridades para colocarlo sólo en el interés de las siglas.

En Castilla y León los socialistas no renuncian a pescar entre los 12 diputados que suma Cs en tre los 81 del hemiciclo: les bastaría con comprar cuatro voluntades y los diputados de Cs están, de hecho, bajo «vigilancia», a pesar del «no» oficial del partido a la iniciativa socialista y a que ellos mismos se hayan conjurado en público en contra de esta operación.

Pero aquí nadie se fía ya de nadie. Inés Arrimadas tiene razones de sobra para no confiar en quienes comparten con ella organización política, y a esto se añade el agravante de que carece de instrumentos para blindar la disciplina interna.

Detrás del goteo de diputados, senadores y otros cargos que están abandonando Cs está la inspiración de Albert Rivera, indirecta y directa, con llamadas y gestiones hacia la derecha y dentro de la formación que él mismo presidió.

Mientras, las operaciones territoriales del PSOE para desbancar gobiernos en coalición del PP y Cs, con la ayuda de los naranjas, están convirtiendo la política autonómica en un saco de mugre. Están dañando la confianza que la pandemia hizo crecer entre los Gobiernos autonómicos, al margen de su color político, después del proceso de desescalada del pasado verano. Y hasta en los Ejecutivos de coalición, en los que hasta ahora funcionaba bien la relación entre populares y naranjas, han ido en aumento los recelos y la desconfianza en perjuicio de la gestión política.

El daño es irreparable porque el movimiento de piezas desencadenado por el PSOE, con la concertación en Murcia con la cúpula naranja, descoloca los equilibrios en un marco territorial que todavía no ha terminado de responder a la crisis sanitaria y que necesitaría de la mayor solidaridad posible para actuar con eficacia en la implementación de los fondos europeos.

La crisis interna de Cs y la sangría de bajas que sufre el partido desde hace días alcanza ya las líneas rojas en el Congreso y en el Senado. La dimensión de la crisis se ha llevado también por delante la candidatura de Ignacio Aguado a la Presidencia de la Comunidad de Madrid. La dirección naranja camina a bandazos, obligada por las circunstancias, que se imponen sobre su propia estrategia. Y así, un día después de que Edmundo Bal, portavoz de Cs, confirmase oficialmente que no se presentaría como candidato a las elecciones de mayo, el partido dio otra pirueta y ratificó la salida de Ignacio Aguado para dejar paso a Bal.

En las elecciones de Madrid Ciudadanos se juega su supervivencia. Si no consigue representación en la Asamblea, tienen asumido que deberán firmar de manera anticipada el acta de defunción del partido, y la caída de Inés Arrimadas será inevitable. El clima de descomposición limita también la capacidad de Arrimadas para tomar decisiones y mantenerlas en el tiempo bajo la presión de que siga precipitándose el proceso de fuga de sus filas. En paralelo, la popular Isabel Díaz Ayuso se crece cada día, mientras sus encuestas la catapultan y apenas dejan opción a la izquierda. El primer testeo interno de la irrupción de Pablo Iglesias en la campaña electoral apunta a que sirve para fortalecer a Ayuso y acercarla todavía más a la mayoría absoluta.

Con un resultado contundente, el PP buscará gobernar en solitario, aunque su estrategia dependerá de la posición que adopte Vox con la representación que consiga en la Cámara Autonómica. Los estudios que maneja el PP indican que la mayor parte de los votantes de Vox y de Cs prefieren a la líder del PP como presidenta autonómica frente a todos los demás candidatos.


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