Voto de castigo en Bulgaria: el primer ministro Borisov gana por la mínima
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12 Julio 2021

Voto de castigo en Bulgaria: el primer ministro Borisov gana por la mínima

La protesta ciudadana de estos meses contra la corrupción instalada en las instituciones se traslada a las urnas

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El Gobierno que gestionará los fondos de reconstrucción asignados a Bulgaria, el país más pobre y con los mayores índices de corrupción de los Veintisiete, sigue en el limbo. Las elecciones generales celebras anticipadamente este domingo han arrojado, según los sondeos a pie de urna, resultados casi idénticos a los de abril. A la espera de que anuncien los definitivos, en los próximos días, la novedad es que el GERB, el partido conservador del populista Boiko, habría perdido 4 puntos porcentuales, del 26% de abril al 22% y que el partido antisistema "Existe tal gente" (ITN) de Slavi Trifonov sube, por el contrario, del17,6% al 21,5%. Ninguno podrá formar mayoría.

Los comicios se han celebrado en un clima impropio en un país comunitario. La Policía ha abierto 5.100 expedientes y detenido a unas 750 personas por intento de fraude y compra de votos. Y eso, mientras el Gobierno interino designado por el presidente Rumen Radev tiraba de la manta y sacaba a la luz lo que nadie quería ver: prácticas corruptas y mafiosas en ministerios e instituciones estatales, escuchas telefónicas a oponentes políticos y mal manejo de la pandemia de Covid-19 con solo el 16% de la población vacunada.

Borisov y su aparato se resisten a la salida, aunque en Bulgaria salir de la política no es abandonar el poder y él siempre estuvo cerca de él. Fue guardaespaldas del último del líder comunista, Todor Zhivkov, y luego propietario de una empresa de seguridad con importante clientela. Cuando Zhivkov salió de prisión para cumplir arresto domiciliario, las autoridades, que seguían trufadas por funcionarios del viejo régimen, le enviaron a Borisov. Y casualidad o no, fue también Borisov quien se encargó de velar por la seguridad del rey Simeón II cuando regresó al país de su largo exilio en España para convertirse en primer ministro. En 2005 decidió que otros le guardaran las espaldas a él y fundó el partido GERB, con el que ha gobernado tres legislaturas.

En las elecciones de abril Borisov volvió a alzarse con la victoria, pero no pudo formar coalición. El presidente Radev encargó esa tarea al ITN, que también fracaso, y luego, con el mismo resultado a los socialistas. Cumplidos los tres intentos que marca la Constitución, Ravev formó un Gobierno interino, puso al frente a Stefan Yaneve, militar con rango de general, como él, y convocó nuevas elecciones. Un nuevo intento con la misma guinda.

Bulgaria será uno de principales beneficiarios de las transferencias de la UE, incluidos 16. 600 millones de euros (27% del PIB de 2020) del marco financiero plurianual 2021-2027 y 7. 500 millones de euros (12% del PIB) en subvenciones de la NGEU.

Un largo historial de corrupción

En un intento de marcar un nuevo comienzo y sobre todo más limpio, el Gobierno interino abrió las ventanas. El ministro de Interior, Boiko Rashkov, descubrió que con motivo de la ola de manifestaciones de 2020, se habían realizado escuchas telefónicas hasta un centenar de políticos y ciudadanos y puso a la Fiscalía a investigar los hechos.

También en mayo, el famoso terrateniente Svetoslav Ilchovski denunció ante una comisión parlamentaria que personas cercanas al GERB le estaban extorsionado y que para asustarle, le habían mostrado un vídeo que supuestamente mostraba a otro rico hombre de negocios siendo abusado en la cárcel. Ilchovski también se refirió a las famosas fotos de la mesita de noche de Borisov filtradas a la prensa, con montones de billetes de 500 euros y lingotes de oro. Las imágenes, al parecer, habían sido tomadas por una modelo de Playboy y una prostituta. Para Borisov se trató de un complot diseñado por sus enemigos para desacreditar su persona y su partido.

No queda ahí la cosa. El ministro de Economía, Kiril Petkov, denunció que el Banco de Desarrollo de Bulgaria, de propiedad estatal y destinado a financiar las pequeñas y medianas empresas, había distribuido cerca de 500 millones de euros en préstamos a solo ocho empresas y anunció una auditoría.

Y el 8 de julio, el de Finanzas Assen Vassilev reveló que el 40% de los fondos públicos otorgados entre 2019-21 para proyectos de infraestructura y reconstrucción fueron a empresas sin competencia y se realizaron sin transparencia.

Por si eso fuera poco, Estados Unidos impuso hace unas semanas sanciones a empresas ligadas a oligarcas y políticos búlgaros por su presunta participación en sobornos. Ha sido la acción individual más grande contra la corrupción hasta la fecha en cualquier parte del mundo bajo la Ley Magnitsky.

La intervención de Washington es bochornosa para la UE, que ha ido derramando fondos europeos sin preocuparle las manos en las que caían, ignorado al pulpo creado por la vieja guardia para aferrarse al poder como una banda criminal, impidiendo en beneficio propio el desarrollo de la economía y el bienestar de los búlgaros.

Bruselas no ha tomado cartas en un asunto sobradamente conocido. Ahora tiene dos nuevos instrumentos para hacerlo, la Fiscalía Europea y el mecanismo que vincula financiación y Estado de derecho.


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