Y el 10 apagó las rancheras en Lusail
22:20
26 Noviembre 2022

Y el 10 apagó las rancheras en Lusail

Messi igualó con Maradona como el argentino con más partidos en un Mundial (21) y se le vio muy emocionado cuando marcó el primer gol

Grupo C. Así queda la clasificación

Al impactante (pero impactante de verdad) estadio de Lusail, al norte de Doha, se accede después de dejar el coche a media hora andando o, mucho más inteligente, en metro. En los alrededores, una especie de mini ciudad, modernísima, con Dj's en las calles y muchos sitios donde tomar algo, se juntaron argentinos y mexicanos sin problema ninguno pese a los augurios de los días previos que anunciaban por aquí batallas campales no se sabe muy bien por qué. La rivalidad existe, quizá más intensa desde la última vez que se vieron en un Mundial, en 2010, en octavos, cuando un gol de Tévez en fuera de juego clarísimo dio el pase a la albiceleste.

En ese ambiente normal, con los inconvenientes propios de acceder a un estadio tan grande -aquí se jugará la final el próximo día 18-, salió Messi a calentar primero, a jugar después y a decidir por último. Su equipo, preso de los nervios, soltó un enorme grito de liberación en ese minuto 64, cuando el 10 batió a Ochoa y se dirigió, muy emocionado, al fondo de los suyos, a gritar: ¡"Vamos carajo, vamos carajo!" con la lágrima a punto. Entonces, los cánticos de los mexicanos, miles y miles de ellos (igual que los argentinos) se apagaron. Se apagaron las rancheras y las canciones populares, protagonistas hasta entonces. Ya no se escuchó más el "¡Ay, ay, ay, ay... canta y no llores, porque cantando se alegran, cielito lindo, los corazones!" y pasó a mandar la barra argentina, ya viéndose más cerca del pase a octavos. Deberá ganar a Polonia para asegurárselo, pues el empate podría dejarle fuera en función de lo que ocurra en el Arabia Saudí-México.

Después del gol, todo fue mejor para Argentina y para Leo. Tras una jugada en la que aguantó las tarascadas mexicanas hasta que el árbitro pitó falta mientras le tiraba un caño a un rival, la mitad del estadio, de blanco y celeste, comenzó con el clásico gesto de adoración y un grito unánime: "¡Messi, Messi!". Era su momento en este Mundial, al fin liberado. Ayer igualó una marca que en Argentina no es cualquier cosa. Igualó a Maradona en número de partidos disputados en un Mundial (21) y le superará contra Polonia. Se quedará en solitario en ese altar, y sólo falta saber si el contador se para en 22 o sigue aumentando en esta cita de Qatar, pues parece impensable en un Messi con 39 años jugando el Mundial de 2026.

Esos 21 partidos, los transcurridos tras su debut en 2006, en Alemania, ante Serbia, son historia viva del fútbol argentino y, sin embargo, la espina sigue ahí. Maradona ganó un Mundial. Messi no. Y sólo le queda esta bala. El 10 fue la tabla de salvación de un equipo, el de Scaloni, desquiciado de los nervios desde el inicio, consciente de que una derrota los mandaba para casa, a ellos, a los argentinos, los que habían llegado a Qatar con la cifra, tremenda, de 36 partidos sin perder, a ellos, a los argentinos, unos de los grandes favoritos.

Cuando pitó el árbitro, levantó los brazos con rabia, se abrazó a Nahuel Molina (no por nada, sino porque era el que estaba al lado) y se puso de rodillas para recuperar un poco el resuello. Todos sus compañeros le buscaban para, más que felicitarle, darle las gracias. Todos, tras él, se fueron al fondo argentino a cantar con la hinchada. Messi sonreía. Al fin.


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