Yulimar Rojas, diseñada y construida para saltar
20:32
24 Diciembre 2022

Yulimar Rojas, diseñada y construida para saltar

Campeona mundial al aire libre en Eugene y en pista cubierta en Belgrado, la plusmarquista de triple salto parece no tener límites

En 2022 Yulimar Rojas ha sido para World Athletics, la Federación Internacional, la segunda mejor atleta del año. Sólo cedió el cetro a Sydney McLaughlin, una de las novias de América y del mundo. Los atletas punteros se dividen entre quienes logran un alto porcentaje de victorias y quienes son prácticamente invencibles. Yulimar Rojas, venezolana de 27 años, nacida en cuna humilde en una familia de seis hermanos, pertenece a esta segunda categoría y en la modalidad de triple salto.

Es una mujer diseñada y construida por la Naturaleza para saltar. La mayor parte de su figura de 1,92 la ocupan unas interminables piernas que lo mismo podrían valer para impulsarla hacia arriba que hacia adelante. Ha sido hacia adelante y por partida triple, para sacar el máximo partido a unas capacidades físicas que piden a gritos mudos un aprovechamiento ilimitado.

Sin embargo, Yulimar empezó enfocada al salto de altura. Era lógico. Su estatura (la misma que la de Ruth Beitia) así lo aconsejaba. Casi lo exigía. Yulimar obtuvo algunas medallas, en categorías inferiores, en campeonatos sudamericanos, y llegó, en 2013, a una marca de 1,87. Pero tenía otras virtudes más prometedoras que convenía explorar.

La rapidez, por ejemplo. A pesar de su estatura y de una contextura muscular mucho más longilínea que apiñada, con 17 años bajaba de los 12 segundos en los 100 metros. En una duplicidad poco frecuente y todavía experimental, empezó a compartir la altura con la longitud. El triple salto, la idea de sacar partido a su zancada en el hop, el step y el jump, los tres envites, se presentaba también como una opción a considerar.

En 2013 abandonó la altura al tiempo que, en el Mundial Júnior de Eugene, compaginaba la longitud y el triple con resultados discretos: decimoprimera en longitud (5,21) y decimoséptima en triple (12,99). Pero la decisión estaba tomada y las enormes posibilidades de Yuli no admitían dudas. En todo caso, plazos. Se intuían, se palpaban tras cada entrenamiento. Allí había un diamante de máximos quilates al que había que pulir, y mucho, técnicamente.

Un año después, Yulimar, sin que todos sus visibles defectos impidiesen su más visible aún progresión, saltaba 6,59 en México en el Festival Deportivo Panamericano y ganaba por partida doble el Campeonato Sudamericano Sub'23 con 6,36 en longitud y 13,35 en triple.

El magisterio de Pedroso

Entonces, con 19 años, Yulimar se pone en contacto por Facebook con el cubano Iván Pedroso, ex campeón olímpico y mundial de salto de longitud, que dirige en la española Guadalajara el equipo de saltadores, hombres y mujeres, más numeroso, selecto, conocido, multimedallista y plurinacional del atletismo. Un taller. Una universidad. Nerviosa, escéptica, le pide que la entrene, aunque «no soy nadie». Pedroso le dice que la conoce, que la sigue y que ve en ella unas potencialidades innegables, dignas de ser trabajadas.

... Y Pedroso, que ha unido a su leyenda de saltador la de entrenador, pulió a diario el diamante en el mejor ambiente técnico, físico, psicológico y humano posible... Y Yulimar, todavía al principio bastante deslavazada, pero con unas potencialidades que deslumbraban, empezó a realizar grandes marcas y a ganar títulos y medallas. En 2016 es campeona mundial en pista cubierta en Portland con 14,41 y plata en los Juegos Olímpicos de Río con 14,98. En 2017, campeona del mundo en Londres con 14,91. En 2018, aunque se pierde el verano por una lesión, de nuevo, esta vez en Birmingham, campeona mundial indoor con 14,63. Es la mejor triplista sobre la faz de las pistas.

En 2019 rompe la barrera de los 15 metros. Gana, en Lima, los Juegos Panamericanos con 15,11. Y el Mundial de Doha con 15,37. Marcas inalcanzables para las demás saltadoras. La brecha se ensancha aún más cuando Yulimar, en Madrid, en 2020, establece el récord del mundo en pista cubierta con 15,43. Le espera el récord al aire libre, un registro de 15,50. Unos números futuristas en 1995, cuando fueron esculpidos por la ucraniana Inessa Kravets. Que Yulimar los jubile es cuestión de tiempo. De poco tiempo. Entretanto, Yuli es elegida Atleta del Año por la Federación Internacional.

El covid retrasa la hazaña. Pero, en 2021, en los Juegos Olímpicos de Tokio, en la cima planetaria del deporte, que realza las voces y multiplica los ecos, realiza Yulimar 15,67 para batir el récord y colgarse el oro. Todavía, en este 2022, llevará el primado, en el Mundial indoor de Belgrado, hasta los 15,74 antes de ganar, en Eugene, el Mundial al aire libre con 15,47.

Ninguna rival se acerca a esos guarismos, convertidos para ellas en una sentencia preliminar e irrecurrible. Resignadas, luchan entre sí por los restos del festín, mientras Yuli, pura caribeña, baila bachata celebrando la vida.


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